La muerte de una joven de 21 años reabre el debate sobre la violencia al volante y la efectividad de los exámenes psicológicos para conductores, temas que fueron abordados en profundidad por el psicólogo y director de Psicología en la U. de Las Américas, Luis Pino.
La violenta muerte de Camila Ponce, una joven de 21 años que, tras un conflicto vial en avenida España de Valparaíso, volvió a encender las alarmas sobre un fenómeno cada vez más visible: la escalada de agresividad entre conductores en el espacio público.
El caso, que comenzó como una discusión de tránsito, terminó en una agresión extrema, reflejando —según expertos— una problemática más profunda que trasciende lo individual y se instala como una conducta social preocupante.
“El problema es que esto se está volviendo algo esperado, recurrente en la vía pública”, advirtió el psicólogo y director de la carrera de Psicología de la UDLA, Luis Pino en Puranoticia Matinal, quien explicó que este tipo de reacciones responde a múltiples factores: biológicos, emocionales y culturales.

En ese contexto, el especialista enfatizó que al conducir “aumentan los niveles de estrés y cortisol, lo que disminuye la racionalidad y el control de los impulsos”, generando condiciones propicias para que un conflicto menor escale rápidamente.
A esto se suma el rol de la adrenalina. “Mientras más adrenalina se experimenta, más se busca. Y eso se traduce en respuestas desproporcionadas, mayor velocidad o violencia”, explicó, describiendo una dinámica que puede transformarse en una “bola de nieve” sin control.
Pero uno de los puntos más críticos, según Pino, es el enfoque actual de las evaluaciones para obtener licencia de conducir. A su juicio, estas no consideran elementos clave de la personalidad.
“Factores como la impulsividad, el control de la frustración o la forma de expresar emociones deberían ser considerados”, señaló. Incluso fue más allá: “Desde mi perspectiva, la estructura de personalidad y la forma de vincularse deberían evaluarse, porque determinan la toma de decisiones”.
En esa línea, planteó que ciertos perfiles podrían ser detectados anticipadamente. “Hay personalidades con baja tolerancia a la frustración o rasgos narcisistas que, ante un bocinazo, sienten herido su ego y pueden reaccionar de forma agresiva”, afirmó.
El especialista también apuntó a un componente cultural que refuerza estas conductas. “Existe una especie de narcisismo al volante, donde las personas buscan hacer justicia por mano propia en la vía pública”, indicó. A esto se suma la despersonalización: “Cuando estás en un auto, el otro deja de ser persona y pasa a ser ‘otro vehículo’”.
Otro elemento preocupante es la premeditación. “Muchas personas andan con objetos contundentes porque esperan enfrentar violencia. Eso refleja una expectativa instalada de que los conflictos se resuelven con agresión”, agregó.
Pese a este escenario, Pino subrayó que no todos los conductores reaccionan igual. “Hay personas con mayor control emocional, que han aprendido que esa no es la forma de resolver problemas”, dijo, destacando la importancia de la educación vial y emocional.
Finalmente, el experto insistió en la necesidad de revisar las políticas públicas en esta materia. “Estos factores están minimizados o excluidos de la evaluación para conducir, y son justamente los que pueden marcar la diferencia en situaciones críticas”, concluyó.
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