El presidente de los sindicatos de Troncos Viejos advierte que los choferes están atrapados entre la deuda de subvenciones que el Estado mantiene con los empresarios y un sistema laboral sin sueldo base. En el escenario aparece la figura de Reinaldo Sánchez, líder histórico del transporte regional.
La paralización parcial de microbuses en Quilpué y Villa Alemana volvió a tensionar el sistema de transporte de la Región de Valparaíso. En el centro del conflicto están los conductores, quienes acusan casi 11 meses sin pagos regulares, mientras el cruce de responsabilidades se mantiene entre el Estado y los empresarios.
Alfredo Alarcón, presidente de los Sindicatos de Conductores de Troncos Viejos, explicó en Puranoticia Matinal, que los choferes no han abandonado sus puestos, pero permanecen en las garitas a la espera de una solución.

“Los conductores están todos en sus puestos de trabajo esperando respuesta que nos dé la problemática que tenemos. Estoy dispuesto a dialogar, a conversar”, sostuvo.
Según detalló, la situación es crítica: “Hace más o menos como casi 11 meses que no recibimos un peso. Un peso, un peso. No recibimos plata”.
El eje del problema, según Alarcón, es la falta de pago de las subvenciones estatales a los empresarios del transporte.
“Al Estado lo que le estamos pidiendo… no le ha cancelado a los empresarios ningún peso por la subvención. Este es un paro de choferes, no es de empresarios”, afirmó.
Sin embargo, la tensión surge porque los conductores no dependen directamente del Estado, sino de sus empleadores. Y cuando la subvención no llega, el efecto cae en cadena.
“Si no les pagan a los empresarios, ¿cómo lo van a pagar a los conductores?”, planteó.
Ante la pregunta directa de si los empresarios les han señalado que no pueden pagarles por esa razón, respondió sin rodeos: “Así es”.
El modelo actual mantiene a gran parte de los conductores trabajando “a boleto cortado”, sin sueldo base garantizado.
“Hoy día es por corte boleto. El hombre tiene que andar corriendo, collereando con los otros compañeros, chocándose las máquinas”, describió Alarcón.
El dirigente reconoce que la falta de conductores también impacta el cumplimiento de frecuencias: en algunos terminales, asegura, “más de 40 o 45% de las micros están paradas porque no tenemos conductor”.
Esto, a su vez, complica el pago de subsidios, ya que el Estado exige cumplimiento de recorridos para liberar recursos. Así, el círculo se cierra: menos máquinas circulando, menos pago estatal; menos pago estatal, menos recursos para los empresarios; menos recursos empresariales, menos ingresos para los choferes.
En el debate aparece el nombre de Reinaldo Sánchez, presidente de la Asociación Gremial de Buses de la V Región y uno de los empresarios más influyentes del transporte local.
Alarcón reconoce su peso en la industria. “Es el jefe… el cacique, le decimos. Él pone las directrices del transporte en la región”, señaló, aludiendo a su rol histórico en el Consejo Superior de Transporte.
El dirigente también recordó que Sánchez habría advertido a la autoridad que, si no se resolvía el pago de subvenciones, podría paralizar cientos de máquinas: “Si no me solucionáis el problema de la subvención en 15 días, yo te paro 400 máquinas”.
No obstante, Alarcón descarta que los conductores estén actuando bajo instrucciones empresariales. “Nosotros no tenemos nada que ver con Reinaldo Sánchez”, afirmó.
‘’A PURO BOLETO CORTADO’’
Con 42 años en el rubro, Alarcón asegura que la precariedad laboral no es nueva.
“Hartos años que se trabaja con el ‘’boleto cortado’’, respondió al ser consultado por cuánto tiempo los conductores han trabajado bajo el sistema de comisión por boleto.
Para él, el problema no se limita a la actual deuda estatal. También existe una discusión estructural sobre el modelo de negocio, la implementación de validadores y la falta de fiscalización. “Nos falta fiscalización… la seguridad de nuestros pasajeros es lo primero”, añadió.
El conflicto expone una tensión mayor: mientras el Estado y los empresarios discuten responsabilidades por las subvenciones y el cumplimiento de frecuencias, los conductores quedan en medio.
Por un lado, reclaman que la Tesorería no libera los recursos. Por otro, se enfrentan a empleadores que —según relatan— condicionan sus pagos a esos dineros.
En ese escenario, los choferes esperan una solución que no dependa exclusivamente de la disputa institucional.
“¿Usted cree que cualquier ser humano va a vivir con 11 meses sin que le paguen?”, cuestionó Alarcón.
La crisis del transporte en la Región de Valparaíso vuelve así a evidenciar un sistema tensionado, donde la discusión por subsidios, gestión empresarial y condiciones laborales mantiene a los conductores como el eslabón más frágil de la cadena.
PURANOTICIA