Mientras el municipio proyecta activaciones culturales descentralizadas para mitigar el cierre del emblemático sector, vecinos y locatarios advierten severas pérdidas financieras ante la intervención que se extenderá durante el periodo estival.
Una profunda preocupación ha generado entre comerciantes, vecinos y transeúntes de Valparaíso el anuncio de que la tradicional celebración de Año Nuevo en la Plaza Sotomayor será reemplazada por actividades culturales distribuidas en cuatro puntos de la ciudad. La reorganización de los festejos, confirmada por la alcaldesa Camila Nieto, responde al inicio de las obras de mejoramiento urbano del emblemático sector, proyecto que contempla una inversión superior a los $3.300 millones para restaurar su entorno patrimonial. Sin embargo, la ejecución de estos trabajos obligará a modificar la dinámica de una de las fechas más importantes para la economía turística y comercial de la comuna.
Si bien las autoridades locales han defendido esta inversión como un paso necesario para el progreso urbano y la descentralización de los visitantes, la medida ha generado críticas entre quienes advierten sobre sus posibles consecuencias económicas.
Así lo manifestó Alejandro, vecino y locatario del sector, quien cuestionó la falta de planificación participativa y el impacto financiero que tendrá la intervención durante el período estival: "Ya estamos perjudicados con toda la alza. Ahora imagínate que nos tapen ese asunto en Año Nuevo. A nosotros una vez ya nos quitaron un Año Nuevo que nos perjudicó totalmente (...) Necesitamos reactivar a Valparaíso, no desactivar, porque es la forma en que la gente tenga trabajo (…) hay gente que hace dinero en estas fechas", expresó.
A las críticas del comercio local se suman las de vecinos y usuarios habituales de Plaza Sotomayor, quienes advierten que la magnitud de las faenas y el eventual cierre perimetral de distintos sectores de la plaza podrían afectar el atractivo tradicional del lugar, que cada año convoca a miles de turistas nacionales y extranjeros.

Para Carla, una de las transeúntes consultadas, la decisión de ejecutar los trabajos durante esta época representa un error de planificación, considerando la importancia de las celebraciones de fin de año: "Mal, muy mal [...] Es la parte tradicional a la que todos llegan, pues vienen de muchos lados a celebrar justamente a este lugar. [...] justo va a ser fin de año, porque se debería haber esperado por último a que pasen las fiestas y luego hacerlo", criticó.
En tanto, otros actores vinculados al borde costero y a la actividad económica advierten que las consecuencias de las obras podrían extenderse más allá de los restaurantes y bares que tradicionalmente reciben público durante toda la noche de Año Nuevo.
Según señaló don Sergio, los trabajos también podrían repercutir en feriantes y prestadores de servicios náuticos, además de otros emprendimientos que dependen de la llegada masiva de visitantes. Si bien reconoció la importancia de mejorar el entorno urbano, el transeúnte planteó las dificultades que enfrentan quienes dependen económicamente de esta celebración: "Tiene sus pros y sus contra: por uno, lo económico, y lo otro, el progreso. (...) pero afecta los restaurantes, a los bares, a los hoteles, a los turistas y a toda la gente que está aquí", reflexionó.

Frente a este escenario, la administración comunal ha señalado que buscará mitigar los efectos de la intervención mediante una programación de actividades culturales extendida durante el primer fin de semana de 2027, además de un trabajo coordinado con las asociaciones gremiales.
No obstante, las inquietudes del sector comercial persisten ante los posibles efectos de esta reorganización en una de las fechas de mayor movimiento económico para Valparaíso. De esta manera, se mantiene abierto el debate entre la necesidad de avanzar en obras de mejoramiento urbano y la preocupación por resguardar los ingresos de los emprendedores locales, quienes ven con incertidumbre la pérdida temporal de uno de sus principales atractivos turísticos.
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