El organismo advierte una desaceleración en 24 países debido a tensiones globales y menor consumo. La región sumaría cuatro años con una baja capacidad de expansión económica.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe ajustó a la baja su proyección de crecimiento para Chile en 2026, desde el 2,2% estimado el 16 de diciembre de 2025, a un 2% en su actualización más reciente, situándolo por debajo del promedio regional.
De acuerdo con la comisión económica regional perteneciente a las Naciones Unidas, la dinámica productiva perderá fuerza durante este año en 24 de las 33 naciones que componen la región. En contraste, únicamente siete territorios lograrían acelerar su desempeño.
Si este pronóstico se materializa, el bloque acumulará cuatro ejercicios consecutivos exhibiendo tasas de expansión que rondan el 2,3%. Este escenario, advierten desde la entidad, deja en evidencia un claro patrón de escasa capacidad para generar crecimiento.
Un factor determinante para este ajuste a la baja en las estimaciones es el empeoramiento del panorama externo. La Cepal sostiene que la volatilidad en los mercados de materias primas y financieros, sumada a la incertidumbre global, se han incrementado durante los primeros cuatro meses del año a raíz del conflicto bélico en Medio Oriente y las crecientes tensiones geopolíticas.
Como muestra de ello, el valor promedio del petróleo superó en un 74% la media de diciembre de 2025 durante las tres primeras semanas de abril. Esta situación ha encarecido los costos de transporte y producción, desatando presiones inflacionarias a nivel mundial.
El escenario internacional también se ve golpeado por el alza global en los precios de los alimentos y la pérdida de dinamismo en el comercio transfronterizo. A esto se añade la ralentización de socios comerciales clave para la región, tales como India, China y la Zona Euro.
En esta línea, la Organización Mundial de Comercio (OMC) calcula que el volumen del comercio mundial de bienes y servicios crecerá un 2,7% en 2026, marcando un descenso frente al 4,7% registrado durante 2025.
Frente a este panorama de menores perspectivas de expansión y mayor inflación, los principales bancos centrales han adoptado posturas de mayor cautela. Esto se ha traducido en la mantención de condiciones financieras menos favorables de lo que se anticipaba a fines del ejercicio anterior.
En el plano interno, el organismo señala que el freno al crecimiento regional estará dictado, en gran medida, por un menor dinamismo del consumo privado. Paralelamente, aunque la inversión da indicios de repunte, su comportamiento sigue siendo moderado en la mayor parte de los países.
Cabe recordar que la actividad económica ya venía mostrando signos de desaceleración desde la segunda mitad de 2025 —sobre todo en las principales economías de la región—, una trayectoria que se ha prolongado hacia 2026.
Este menor ritmo productivo impactará directamente en el mercado laboral de América Latina y el Caribe. Se prevé que el empleo anote una expansión moderada en torno al 1,1% en 2026, retrocediendo desde el 1,5% observado en 2025.
Asimismo, el contagio de las presiones inflacionarias globales empujará al alza el costo de la vida en la región, situando la mediana en niveles superiores al 3% durante 2026, un salto en comparación con el 2,4% del año previo.
Al desglosar las cifras, el desempeño de la actividad económica será marcadamente heterogéneo: nueve países se expandirán un 4% o más; ocho lo harán en un rango de entre 3% y menos de 4%; 13 crecerán por debajo de ese nivel y tres registrarán contracciones.
Revisando por subregiones, América del Sur anotaría un avance de 2,4% en 2026, evidenciando una merma frente al 2,9% de 2025 debido a la desaceleración en la mayoría de sus economías.
Por su parte, América Central moderará su ritmo al pasar de un 2,3% el año pasado a un 2,2% en 2026, un resultado influenciado por las contracciones que se esperan para Haití y Cuba. Si se excluyen estas dos economías, el bloque centroamericano promediaría un alza de 3,9% en 2026, superando levemente el 3,8% observado en 2025.
En tanto, el Caribe de habla inglesa o neerlandesa proyecta un crecimiento de 5,6% para 2026, ligeramente superior al 5,5% del periodo anterior. No obstante, esta cifra está fuertemente influenciada por el alto desempeño esperado en Guyana; si se excluyera a dicho país, el promedio regional esperado caería a un 1,2%, en comparación con el 2,0% anotado en 2025.
La Cepal advierte sobre múltiples riesgos que podrían incidir en nuevos ajustes a la baja en las proyecciones del año. Entre ellos destacan la persistencia de condiciones financieras restrictivas, presiones inflacionarias asociadas al alza de precios energéticos y de alimentos, la volatilidad en los mercados internacionales, la vulnerabilidad ante choques externos y la debilidad de la demanda interna en varias economías de la región.
A nivel local, el rendimiento económico de ciertos países podría verse afectado además por factores estructurales como debilidades institucionales, un acotado espacio de políticas y restricciones externas.
Finalmente, la institución subraya que la coyuntura actual pone de relieve los desafíos estructurales que enfrenta la región: un bajo crecimiento tendencial, una alta exposición a choques externos y la necesidad de fortalecer los motores internos de crecimiento.
Ante un entorno global cada vez más incierto, el organismo señala que resulta fundamental fortalecer la gobernanza y ampliar la movilización de recursos internos y externos. Estas medidas son claves para impulsar políticas que dinamicen la inversión, aumenten la productividad y fortalezcan la resiliencia macroeconómica.
PURANOTICIA