El primer ministro Luis Enrique Arroyo advirtió que dar marcha atrás en la compra estratégica de los cazas estadounidenses traería "penalidades onerosas" para Perú, desmarcándose de la decisión presidencial que gatilló la renuncia de dos ministros.
El panorama político en Perú se ha vuelto a fracturar de manera profunda. El primer ministro, Luis Enrique Arroyo Sánchez, marcó una distancia pública con el presidente José María Balcázar, al respaldar formalmente la compra de una flota de aviones de combate F-16 destinada a la Fuerza Aérea, contrato que el mandatario había decidido suspender unilateralmente.
A través de un comunicado oficial, el premier Arroyo enfatizó que la adquisición de las aeronaves a la firma Lockheed Martin responde a compromisos de Estado preestablecidos. Según el jefe de gabinete, dar marcha atrás no solo debilitaría la defensa nacional, sino que expondría al país a "penalidades onerosas" y a un grave deterioro de su imagen internacional.
"Esta decisión es de naturaleza estratégica", afirmó Arroyo, subrayando la importancia de renovar la flota aérea peruana con las 20 unidades que, según el embajador de EE. UU., Bernie Navarro, deberían arribar entre 2029 y 2030.
La crisis estalló cuando el presidente Balcázar anunció que la decisión final sobre los aviones quedaría en manos del gobierno que asuma tras el balotaje del próximo 7 de junio. Sin embargo, la contradicción interna quedó al descubierto cuando el Ministerio de Economía confirmó que Perú ya realizó un primer desembolso de 462 millones de dólares.
Esta situación forzó la salida inmediata de los ministros Carlos Díaz (Defensa) y Hugo de Zela (Exteriores), dejando al Ejecutivo en una posición de extrema debilidad en medio de la incertidumbre electoral por los resultados de la primera vuelta.
El manejo "errático" de Balcázar ha movilizado al Legislativo. Desde la bancada de Acción Popular, el congresista Ilich López ya inició la recolección de las 33 firmas necesarias para presentar una moción de censura contra el mandatario, acusándolo de poner en riesgo la seguridad nacional.
Por el contrario, la candidata presidencial Keiko Fujimori (Fuerza Popular), ganadora de la primera vuelta, ha optado por una postura de cautela. Si bien criticó las presiones del entorno del presidente, hizo un llamado a "poner paños fríos" para evitar una mayor inestabilidad institucional antes de la segunda vuelta electoral.
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