El realizador de Mea Culpa reveló cómo un hombre, atormentado por ver el lugar del entierro desde su ventana durante siete años, decidió confesarle un homicidio accidental que la justicia jamás habría descubierto sin su intervención.
La credibilidad de Carlos Pinto ha traspasado la pantalla, llegando al punto de convertirse en un confesor para quienes cargan con secretos oscuros. En el pódcast ¿Quién sería?, conducido por Rafa Venegas, el periodista reveló un episodio insólito: un hombre decidió romper un silencio de siete años para admitir un asesinato debido a la confianza que le inspiraba el comunicador.
El crimen ocurrió en un terreno árido cercano a lo que actualmente es el canal Chilevisión. Según relató Pinto, el victimario y su amigo regresaban de una junta social cuando una disputa sentimental gatilló la tragedia. “Ellos van a conocer a dos amigas que vivían cerca, se tomaron unos tragos y de regreso se dan cuenta de que a uno le gustaba una y al otro otra. Empezaron como a discutir, a confundirse producto del alcohol”, explicó el realizador.
La pelea escaló rápidamente en un sector lleno de bolones de piedra. En medio del forcejeo, uno de ellos cayó y el otro lo atacó con violencia letal sin proyectar las consecuencias: “No se dio ni cuenta, entre borracho que estaba, que le había quitado la vida”.
Durante siete años, el cuerpo permaneció enterrado cerca del hogar del culpable. Sin embargo, la cercanía física con el lugar del entierro se transformó en una tortura psicológica insoportable. “Me cuenta esa historia después de 7 años de haber cometido el crimen. Uno de los problemas más grandes que tiene quien comete un crimen y más doloroso es la impunidad”, reflexionó Pinto.
El victimario, agobiado por el recuerdo diario que veía desde su ventana, buscó al periodista con una determinación clara: “Él dijo: ‘Quiero pagar mi fechoría’”.
Ante la confesión, el equipo de producción del periodista coordinó la entrega del sujeto con las autoridades directamente en el sitio del suceso. Pese a la gravedad del hecho, el desenlace judicial fue inesperado.
Debido a su colaboración voluntaria, al arrepentimiento y al tiempo transcurrido, el hombre recibió una condena mínima. Según Pinto, este proceso no solo le otorgó su libertad legal en poco tiempo, sino que le permitió alcanzar la paz mental que el secreto le había arrebatado por casi una década.
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