La actriz impactó al mostrar las consecuencias físicas del asalto que vivió junto a su hija, incluyendo una parálisis parcial en su rostro.
La historia de Macarena Tondreau dio un giro que pocos esperaban, y no precisamente por algo menor. La comunicadora reapareció en redes sociales para exponer, sin filtros, el complejo momento de salud que atraviesa tras la violenta encerrona que sufrió a mediados de febrero, un episodio que no solo la dejó en shock, sino con secuelas físicas.
La presentadora confesó que el trauma no quedó solo en el recuerdo: el estrés fue tal que terminó desencadenando una parálisis parcial en el lado izquierdo de su rostro. Sí, así de grave. Un diagnóstico que, según le informaron, la tendrá en tratamiento durante al menos un par de meses.
El hecho ocurrió mientras Tondreau viajaba junto a su hija, Celeste, desde la costa rumbo a Santiago. Aunque intentó guardar silencio y procesarlo en privado, finalmente decidió hablar y mostrar lo que muchos prefieren ocultar: las verdaderas consecuencias del estrés postraumático.
"Dentro de todo lo que viví, el cuerpo también empieza a tener signos de estrés y me pasó que sufrí una parálisis parcial de mi rostro, del lado izquierdo", reveló Macarena, dejando en evidencia que el impacto fue mucho más allá de lo emocional. Y es que, según contó, en un comienzo pensó que todo sería pasajero, pero la realidad fue otra: "Hoy día fui al doctor y me dijo que iba a durar dos meses a lo mejor".
Lejos de esconderse, la comunicadora optó por dar la cara y seguir adelante con su rutina laboral, incluso con evidentes secuelas físicas. Una decisión que, para algunos, puede parecer admirable, pero que también deja en evidencia la presión por no detenerse.
"Mi ojo ya está mejor, estaba muy caído, mi cara está un poquito chueca, es parte de. Si quiero visibilizarlo es porque yo tengo que seguir adelante porque tengo clientes, porque tengo que seguir trabajando", aseguró.
Para cerrar, Tondreau intentó llevar tranquilidad: "Es solucionable 100%, gracias a Dios, de aquí a un mes o dos meses más se me va a quitar. Va a ser un mal recuerdo". Una frase que suena optimista, pero que no borra la crudeza de lo vivido.
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