A casi un año de sumar a Mila a su familia, la comediante expuso sin filtro la culpa, los celos silenciosos y el remezón emocional que vivió su hijo mayor, dejando en evidencia una cara de la maternidad que pocas se atreven a contar.
A casi un año de haber “presentado en sociedad” a Mila —su hija adoptiva con Pedro Ruminot— en redes sociales, Alison Mandel decidió abrir una caja emocional que muchas prefieren mantener bien cerrada.
Y no, no es el típico discurso de maternidad perfecta: la comediante puso sobre la mesa un tema incómodo, casi tabú, y lo hizo sin filtro.
Mandel habló derechamente del costo emocional que implica agrandar la familia. Sí, ese del que nadie quiere hacerse cargo: cuando el hijo mayor deja de ser el centro del universo.
"Hay algo que no se habla mucho y es el 'luto' de tener otr@ hij@ y que tu bebé deje de ser tu bebito y se transforme en hermano mayor", lanzó.
Lejos de romantizar el proceso, Mandel reconoce que dividir el tiempo —y el corazón— no es tan natural como muchos lo pintan. Y ahí aparece la culpa.
"A veces lo veo mirándome con sus ojitos miel medios tristes mientras yo regaloneo con la Mila y me derrito de amor con mi niña maravilla", confesó.
Como suele pasar, el entorno intentó bajarle el perfil al asunto. El clásico “es normal” apareció en escena, aunque eso no evitó el desborde emocional.
"Todas me dijeron 'es normal', mientras yo lloraba de culpa", relató,
Pero la historia no termina ahí. Mandel también trajo al presente un recuerdo familiar que deja en evidencia que este conflicto no es nuevo, solo que antes se barría bajo la alfombra. Su propia madre vivió algo parecido durante su embarazo, temiendo no poder amar igual a su segunda hija… hasta que la realidad la contradijo. "En esa época no se podía hablar de eso", reflexionó.
En su caso, el golpe fue aún más abrupto, ya que todo ocurrió de un día para otro.
"De un día para otro le tuve que decir 'mañana estará acá tu hermana'", reveló, admitiendo sin rodeos que eso la hizo sentirse "culpable y muy incompetente con la maternidad".
Y es que, según explicó, intentar traducir un proceso de adopción a la lógica de un niño no es precisamente sencillo, pero aun así, con el tiempo lograron encontrar cierto equilibrio.
"El amor siempre busca la forma de multiplicarse", afirmó, en una frase que suena bonita, pero que viene después de un camino bastante más áspero de lo que muchos imaginan.
"Te amo Baltazar, eres un lujo de hijo y eres tan especial que no puedo sentirme más orgullosa de ti", cerró.
PURANOTICIA