La gala inaugural dejó en claro que el Festival de Viña pertenece a la ciudadanía y no solo al espectáculo.
El Festival de Viña del Mar volvió a encender sus luces, pero esta vez con un mensaje que va más allá del espectáculo y el glamour. La edición 2026 se inauguró con una gala marcada por la cercanía, el sentido ciudadano y la recuperación del espíritu original del certamen, reafirmando su importancia como un evento que pertenece a todo el país.
La alcaldesa de Viña del Mar, Macarena Ripamonti, fue enfática en su mensaje: el Festival debe volver a sus verdaderos dueños, la ciudadanía. En ese contexto, la gala se planteó no solo como una vitrina televisiva, sino como una instancia de encuentro entre la ciudad, su gente y su identidad cultural.
Durante la jornada inaugural, se reforzó la idea de que el Festival de Viña es un patrimonio nacional que todos los chilenos deben cuidar. La Ciudad Jardín fue posicionada nuevamente como el epicentro cultural del país, destacando su historia, su tradición y su capacidad de proyectarse al mundo.
Más allá de la alfombra roja, las cifras revelan el impacto concreto del certamen en el territorio. El festival genera más de 5.000 empleos directos, beneficiando a cientos de familias viñamarinas y fortaleciendo la economía local en una temporada clave para la ciudad.
Este impacto no se concentra únicamente en el centro o en los recintos oficiales. Barrios como Nueva Aurora y Forestal también se ven directamente beneficiados, demostrando que el festival trasciende el espectáculo y se convierte en una herramienta real de desarrollo económico y social.
Costureras, técnicos, montajistas, creativos, productores y trabajadores del rubro cultural forman parte de una cadena de valor que dignifica el trabajo local. El Festival de Viña se consolida así como una plataforma que impulsa talento, oficio y esfuerzo viñamarino.
Desde el municipio se ha insistido en que este enfoque marca un cambio de paradigma. El festival no solo debe ser medido por rating o impacto mediático, sino también por su capacidad de generar oportunidades, identidad y cohesión social.
De esta manera, el Festival de Viña del Mar 2026 se presenta como un evento que combina cultura, empleo y sentido comunitario, reafirmando su rol histórico y proyectándose como un símbolo del orgullo cultural chileno, construido desde y para la gente.
PURANOTICIA