La discusión en la cual se han enfrascado el diputado Nelson Venegas (PS) y el alcalde de Puchuncaví, Marcos Morales, más allá de sus reproches mutuos, ha develado una problemática invisibilizada en nuestra región y, sobre todo, en la propia comuna: la falta de alcantarillado en diversos sectores de la localidad.
La comuna de Puchuncaví agrupa a localidades como Maitencillo, Horcón, Las Ventanas, La Chocota, Pucalán, Los Maquis, El Rungue, Campiche, La Quebrada, El Rincón, La Canela y la conocida caleta de La Greda. Sin embargo, en varias de ellas se vive una verdadera crisis sanitaria silenciosa; una realidad oculta ante la cual el municipio parece luchar en solitario, careciendo del apoyo que necesita por parte de las máximas autoridades regionales y, por, sobre todo, de las empresas dueñas del agua.
Nos referimos especialmente a la falta de alcantarillado en los sectores de La Chocota y Las Ventanas, los cuales padecen un déficit histórico de infraestructura. Esto provoca constantes rebases de aguas servidas, malos olores y contaminación en los hogares, afectando incluso a los asentamientos informales o tomas de la zona. La Chocota, en particular, enfrenta una emergencia sanitaria severa debido a filtraciones y desbordes de la planta de tratamiento local.
Esta situación ya ha derivado en fallos judiciales; condenas recientes contra el municipio por operar la planta en condiciones ilegales y peligrosas para la comunidad. Frente a esto, el alcalde se defiende argumentando la alta complejidad que significa para la administración local gestionar este tipo de instalaciones de alta especialidad.
Es aquí donde entran los "dueños del agua". En la región, Esval es la empresa sanitaria encargada de entregar este tipo de soluciones; sin embargo, cuando no hay rentabilidad económica, parece restarse del territorio. Esta compañía —propiedad del fondo de inversión canadiense Ontario Teachers' Pension Plan Board (a través de Inversiones OTPPB Chile III Limitada), el cual posee aproximadamente el 94,34% de las acciones— acumula utilidades por más de 330 mil millones de pesos en los últimos diez años.
Pese a estas millonarias cifras, su gestión dista de ser óptima, transformándose progresivamente en un "mal vecino" para la región y, muy especialmente, para Puchuncaví.
A esto se suma el otro actor clave del recurso hídrico en la zona: Aguas Pacífico. Esta empresa posee una planta desaladora instalada justamente en Puchuncaví, la cual abastecerá de agua a las operaciones mineras y venderá el excedente a la propia sanitaria Esval.
Qué contradicción más grande: que la comuna que abastecerá de agua a la región no cuente con una solución básica de alcantarillado para sus propios habitantes. Hoy, el desafío colectivo debe ser entregar una respuesta a la altura de las necesidades de la zona, en lugar de seguir intentando resolver una falencia histórica mediante disputas mediáticas entre el alcalde y el diputado.
Aquí, tanto Aguas Pacífico como Esval deben ser parte de la solución, por mera conciencia social y empresarial. Falta el gestor político que una los cabos sueltos y concrete la solución. Ese es, claramente, el gran desafío pendiente para Puchuncaví.