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Editorial: ¿Qué respiramos realmente en Concón? El misterio de los olores de la ENAP

Editorial: ¿Qué respiramos realmente en Concón? El misterio de los olores de la ENAP

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Editorial: ¿Qué respiramos realmente en Concón? El misterio de los olores de la ENAP
Martes 25 de agosto de 2026 17:43
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El olor a azufre se define principalmente como un aroma penetrante y muy desagradable, que recuerda a huevos podridos, cerillas quemadas o gas natural. ¿Lo has sentido en Concón o cuando transitas al costado de la refinería?

Dudo que conozcamos a alguien que haya transitado por el lugar sin percibir ese hedor. Imagínense a los habitantes de la comuna que viven a solo metros de este mal vecino —el cual ocupa una extensión nada despreciable— y que hoy, todo parece indicar, oculta un gran misterio: ¿qué respiramos realmente en Concón?

Para entender la problemática y el misterio, debemos señalar que la ENAP reconoció haber utilizado una metodología distinta a la autorizada en el Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica (PPDA) de Concón, Quintero y Puchuncaví. Las alteraciones —tal como lo dio a conocer inicialmente Radio Bío Bío— comenzaron desde el primer minuto en el año 2021. Esta nueva metodología no revelaba lo que realmente estaba pasando con la recuperación de azufre. Sin embargo, al volver a usar la forma eficaz de medición, quedó al descubierto que este KPI llegaba solo a un 90 %, quedando por debajo del 98 % obligatorio exigido por la ley ambiental.

En simple y en buen español, esto significa que una eficiencia real del 90 % en la recuperación de azufre —en lugar del 98 %implicaba que la refinería estaba liberando a la atmósfera cinco veces más contaminación por dióxido de azufre de lo permitido por la legislación chilena.

Esto sucede porque, en el refinamiento del petróleo, el azufre presente en el crudo se extrae para que los combustibles —como el diésel— queden más limpios. Este azufre retirado debe procesarse en una ‘’planta de recuperación’’. La norma exige que, de cada 100 kilos de azufre gaseoso extraído, la planta capture 98 kilos (es decir, el 98 %). Solo 2 kilos, un 2 %, podían escapar por las chimeneas de la refinería.

Pero lo que ocurría —o aún ocurre en Concón, porque no tenemos certezas— es que la planta solo lograba capturar 90 kilos, dejando escapar el 10 % restante al aire.

Si sumamos las toneladas de azufre que este mal vecino emite al año en Concón, podríamos estar hablando de un promedio de 6 toneladas diarias. A pesar de que el límite máximo es de 1.145 toneladas anuales, debido a este fallo de cálculo se podría haber alcanzado las 2.190 toneladas por año.

Las famosas antorchas de la ENAP son claves para entender este proceso. El llamado flaring, que a veces ilumina las noches de Concón, no es más que la vía de escape de ese azufre.

Lo preocupante es que estamos hablando de una empresa estatal que guarda un rotundo silencio, no da la cara y se esconde; además, nos deja con la incertidumbre de saber qué estamos respirando realmente en Concón. No se trata de un simple mal olor ni mucho menos de un error de cálculo: el azufre en el aire podría estar provocándonos problemas respiratorios crónicos, ataques de asma, enfermedades cardíacas e irritaciones constantes.

ENAP no da la cara. Habrá que ver si la próxima vez que el municipio extienda las manos para recibir la donación anual de la refinería, se pregunte primero en cuánto está vendiendo la salud de nuestros habitantes. Tenemos un misterio en la ciudad: no sabemos qué estamos respirando.