Puede que sea por la ocasión, pero en los últimos días hemos percibido un esfuerzo mayor por parte del Presidente José Antonio Kast por verse menos “fome”, más cercano, más auténtico e incluso más empático, como cuando en el sur del país insistió en escuchar a una vecina, pese a que le gritaban a la cara.
Decíamos que podía ser por la ocasión, porque lo cierto es que en estas fechas podemos ver a las autoridades en actividades más relajadas y lúdicas, como lo es bailar cueca, por ejemplo. En la inauguración de las fondas del Parque O’Higgins, el mandatario bailó junto a la primera dama, María Pía Adriasola, quien vestía espléndida y cuyo ritmo de baile era mucho más fluido que el del “tieso” mandatario. Sin embargo, debemos reconocer que, aunque le costó ponerse la chupalla y no mantuvo mucho el ritmo, se nota que lo intentó y que quería hacerlo.
Por su parte, la entonación, sonrisa, mirada y coquetería de la primera dama eran evidentes, dejando al descubierto lo que ya parece ser un secreto a voces: el verdadero poder de la primera dama, quien realmente “ronca” en La Moneda.
Pero esa rigidez de Kast se va soltando paso a paso. Sus payas fueron muy acertadas: “Algunos dicen que somos fome, y puede que no les falte razón, pero no nos eligieron para contar chistes, sino para arreglar nuestra nación. ¡Uyui! Me dijeron que otra cosa es con guitarra, y pucha que tenían razón, aunque gobernar se hace más llevadero cuando se pone el corazón”.
Es esta intervención, quizás, la más sincera y cercana del Presidente desde que asumió. Uno puede estar a favor o en contra del mandatario o del Gobierno; pudo o no haber votado por él, pero, independientemente de la postura, nadie podría dudar de que, pese a todo, el Presidente le está poniendo corazón a su gestión. Al menos pareciera haber tomado conciencia de que estar al frente de la testera del país no era tan sencillo ni tan fácil como él lo hacía ver en campaña.
Estas festividades son una oportunidad para un mandatario cuyo mayor problema es, quizás, la conexión con la calle. Verlo bailar cueca a su manera y ritmo, y escucharlo en sus payas, va dejando ver a un Presidente que está intentando darlo todo. La baja en su adhesión no es menor, sobre todo con tan poco tiempo de mandato. Muchos dicen que se han hecho largos estos seis meses, y debemos recordar que aún nos quedan más de tres años de Gobierno.
Por ahora, se valora —al menos desde esta tribuna— el esfuerzo del Presidente. Por lo menos esta semana estuvo menos fome y más cercano. Esperamos que, al regreso de las Fiestas Patrias, este entusiasmo se les contagie a sus ministros y logre que alineen un solo discurso sin que nadie se le arranque con los tarros. Es ahí, quizás, donde reside el segundo gran desafío que debe lograr el hombre que habita en La Moneda y que dirige nuestros destinos.