Lo ocurrido en plena Avenida España a las 16 horas de la tarde de un sábado, a plena luz del día, es realmente un hecho que nos hace cuestionarnos no solo el nivel de sociedad que estamos construyendo, sino en qué está fallando nuestro sistema para protegernos a nosotros mismos.
El brutal ataque que sufre Camila Ponce a sus 21 años, que terminó con su muerte, es generado por una discusión entre dos conductores. La agresividad con la cual el hoy detenido, supuesto agresor de 31 años, quien se ensaña con la joven conductora, solo nos hace pensar que sus condiciones psiquiátricas no eran normales.
No solo la agrede, sino que luego la atropella y la deja abandonada en el lugar dándose a la fuga, y recién es capturado más de una semana después, y cuando intentaba fugarse del país.
¿Qué nos pasa cuando nos subimos a un auto? De acuerdo a los expertos, las sensaciones de que un hombre o mujer se coloque violento en el volante son una manifestación de estrés extremo, claramente problemas de salud mental y una total incapacidad de regular las emociones de un entorno impersonal. No solo es un tema de “mala conducción”, es un tema de seguridad pública que convierte al vehículo en una verdadera arma de agresión.
Cuando en nuestro país acudimos a algún municipio a renovar nuestra licencia o sacar una nueva, debemos pasar por sendos exámenes de la vista, audición, pero nada sobre nuestro sistema psicológico. ¿Cómo podemos determinar si estamos aptos para manejar psicológicamente?
Hoy es necesario cuestionarnos si tenemos las herramientas necesarias en nuestra legislación que nos permitan protegernos. Es tarea de nuestros parlamentarios y del Estado poder actualizar nuestro sistema a las problemáticas de hoy. Así como hacemos leyes para sacar el celular de clases, para incorporar el uso de la bicicleta en las vías públicas, así como nos vamos renovando y modernizando, debemos también pensar si es necesario hoy un test adicional que nos garantice que quien está detrás de un volante es una persona apta psicológicamente.
Ahora, en el caso de Camila Ponce, se nos juntan dos temas en uno: El primero, el tema de la salud mental de nuestros conductores, pero el segundo tiene que ver con la capacidad de nuestro sistema de buscar y detener a los delincuentes. Este sujeto tenía órdenes de aprehensión pendientes. ¿Hubo algún intento por detenerlo antes?, ¿La policía hizo algo? Si este sujeto hubiese estado privado de libertad como lo había dictaminado la justicia, no hubiese estado manejando esa tarde de sábado y quizás Camila estaría viva.
¿Qué responsabilidad le compete al Estado en esto? Hoy no pudimos detener al que la justicia pedía que detuviéramos y hoy no somos capaces de garantizar que quien se suba a un auto esté apto para aquello psicológicamente. Debemos ocuparnos de dos realidades que nos golpean fuerte, quizás sea este el legado de esa joven Camila Ponce que a sus 21 años nos dejó por más de alguna omisión del mismo Estado que debe cuidarnos.