Quienes llegan a sentarse en la máxima testera del fútbol chileno en contadas ocasiones son profesionales de primer nivel. Ocupando la misma jerga futbolística, en la mayoría de los casos son amateurs y, lo que es peor, son verdaderos “maniquíes”, más preocupados de cómo se visten o cómo se peinan; una especie de dirigentes con un pasado frustrado de futbolistas. En el fondo, aunque se vistan de seda... ya saben el resto.
Lo preocupante es que quienes aspiran a llegar ahí van en la misma lógica: buenos refranes, buenos eslóganes, una gran campaña, pero poco sustento. El resultado de aquello está a la vista al ver a Chile en el concierto futbolístico mundial. Ya llevamos 12 años sin ir a una cita mundialera, y eso que este año era más difícil quedar afuera; había más cupos de clasificados que de eliminados para Sudamérica y ni siquiera alcanzamos el repechaje.
La nefasta historia de nuestros dirigentes se remonta al año 1989, cuando Sergio Stoppel, quien en ese momento era el presidente de la Federación de Fútbol de Chile, fue uno de los líderes del vergonzoso complot conocido como el “Maracanazo”, ocasión en la que Roberto “Cóndor” Rojas simuló ser víctima de una bengala.
Tras aquel acto, no solo quedamos fuera del Mundial de Italia 1990, sino que además quedamos impedidos de jugar las eliminatorias de 1993 para ir a Estados Unidos 1994. Fue recién en Francia 98 que nuestra Roja brilló en una cita planetaria. Luego de aquello, asistimos nuevamente a Sudáfrica 2010 y a Brasil 2014, siendo esta nuestra última vez.
Esos años fueron los mejores para el fútbol chileno. En la máxima testera de la ANFP pasaron dos hombres clave para nuestro deporte favorito. Reinaldo Sánchez, si bien fue duramente criticado en su rol de empresario papelero y de autobuses, tuvo en su faceta de dirigente quizás su momento de mayor brillo. Bajo su mando no solo se tuvo a una Roja exitosa, sino que además se logró crear la mayor fuente de financiamiento de nuestro fútbol, al ser el creador —junto a Jorge Claro, otro muy buen dirigente— del llamado Canal del Fútbol.
Qué decir de Harold Mayne-Nicholls: pésimo candidato presidencial, pero todo un símbolo de lo que se puede lograr desde la máxima testera de la ANFP. Haber contratado a Marcelo Bielsa no solo le cambió la cara a Chile, sino que lo convirtió en el gestor clave al cimentar la llamada “Generación Dorada” de nuestro fútbol.
Después de su salida, si bien ganamos dos Copas América, la base futbolística venía armada y la dirigencia de Sergio Jadue comenzó a develarnos lo más vergonzoso de nuestra clase dirigencial. El actual presidente, Pablo Milad, jamás logró estabilizar la banca de la selección, acumulando ciclos fallidos con Eduardo Berizzo y Ricardo Gareca. Ha sido una nefasta dirección del fútbol que no ha logrado rescatar a las divisiones inferiores, sumado a una nula renovación de nuestros seleccionados; y eso a pesar de que en la categoría sub-20 tenemos a un campeón de la Copa Libertadores de América: nuestro Wanderers, miren qué coincidencia, dirigido por su presidente Reinaldo Sánchez.
Cuando la cabeza es buena, el equipo es bueno; cuando la cabeza es mala —y vaya que han sido malas—, nos quedamos 12 años fuera del Mundial. Todo apunta a la cabeza. Es como el dicho de la mona que se viste de seda, mona queda, en clara alusión a quienes se miran más al espejo que a la cancha. Necesitamos buenos dirigentes; no necesitamos futbolistas frustrados con trajes de etiqueta. Sin eso no tendremos Roja, nos guste o no.