Cuesta creer y dimensionar el nivel de improvisación de las autoridades de Educación —tanto a nivel regional como central— para responder a las necesidades de los niños, niñas y estudiantes de nuestra zona, en medio de la cadena de sistemas frontales que hemos enfrentado.
No es posible que el subsecretario del Interior, Máximo Pavez, suspenda las clases a solo treinta minutos de que suene el timbre de un colegio. En primer lugar, esto representa una falta de respeto hacia las familias; en segundo lugar, evidencia no solo improvisación, sino también una desconexión abismante con la realidad de la población, lo que se ha vuelto una constante de este Gobierno y su gabinete.
El propio alcalde de Villa Alemana, Nelson Estay —uno de los que mejor ha enfrentado técnica y comunicacionalmente esta catástrofe—, solicitó desde la mañana del lunes la suspensión de clases para el martes. Sin embargo, el aviso entregado por la autoridad a las 21:00 horas solo contemplaba dicha medida para las provincias de Marga Marga y Petorca, a pesar de que los antecedentes ya anunciaban fuertes lluvias e incluso con truenos y relámpagos para la madrugada.
La decisión tomada en Santiago demuestra, además, la nula capacidad de influencia del seremi de Educación de la región de Valparaíso, quien, por mero sentido común, debió haber previsto que resultaba imposible realizar clases el martes bajo el escenario que se pronosticaba.
El rol puramente decorativo que parece cumplir Juan Carlos Klenner en la región quedó en evidencia cuando, en plena madrugada, se confirmaron los prometidos truenos y relámpagos, acompañados de una fuerte lluvia que terminó obligando a extender la suspensión a toda la región de Valparaíso "Continental", tal como indicó Pavez.
La falta de sentido común y conexión con la realidad que vivimos en la región preocupa, sobre todo, cuando los perjudicados son los niños y niñas. Es imposible conocer el estado de los colegios sin una revisión previa, por ejemplo, de la autoridad competente. Los mismos profesores y profesoras tampoco conocen el estado de sus aulas ni cómo quedaron tras el paso de los días de lluvia; por ende, parece lógico al menos dar un día de evaluación post sistema frontal. Sin contar con la humedad que debe haber en los establecimientos, que en pleno invierno lo único que puede provocar es aumentar la circulación de virus en nuestros niños.
Definitivamente, acá los niños no están primero.
Tenemos a un Seremi decorativo y a una autoridad desconectada. Lo "mejor" que ha hecho el nivel central en esta materia es improvisar con cierto tono de preocupación, cuando en realidad sus anuncios parecen ser más por cumplir un trámite que por un compromiso genuino con nuestros estudiantes. Vergonzoso, por decir lo menos.