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Editorial: Los manoseados programas de Pro-Empleo: ayer PGE, antes PEM y POJH

Editorial: Los manoseados programas de Pro-Empleo: ayer PGE, antes PEM y POJH

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Editorial: Los manoseados programas de Pro-Empleo: ayer PGE, antes PEM y POJH
Miércoles 8 de julio de 2026 18:02
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El PEM, cuya sigla significa "Programa de Empleo Mínimo", y el POJH, "Programa de Ocupación para Jefes de Hogar", fueron planes de emergencia creados en Chile durante la dictadura militar (1975 y 1982, respectivamente) para mitigar las altas tasas de desempleo y la crisis económica.

Aunque todos reniegan de la dictadura, del dictador y del general, lo cierto es que hoy estos programas siguen existiendo, pero con otro nombre algo más moderno: ahora se llaman "programa Pro-Empleo". Incluso son promocionados por el propio gobernador Rodrigo Mundaca, quien de Pinochet no tiene nada, pero que, sin embargo, sigue haciendo lo mismo que don Augusto hizo en Chile.

El tema no es de ahora; ha sido siempre así. Hoy es Pro-Empleo, pero ayer también se llamaron PGE (Planes de Generación de Empleo). De hecho, tuvo protagonistas culpables o inocentes en el año 2006 y estos últimos, dejaron al descubierto desvíos de dinero para financiar ilícitamente campañas políticas. Contrataban a la gente, el trabajo no se hacía y se iban “miti-miti”: mitad para el falso trabajador y mitad para el candidato de turno. Histórica aquella crisis que tuvo como protagonistas al ex-Seremi de la época José Manuel Mancilla, a Laura Soto, a Rodrigo González y al mismísimo Carlos Ominami.

Ya sea por una o por otra razón, estos programas han sido manoseados tanto por las derechas como por las izquierdas. El punto es que, a estas alturas, en pleno 2026 y a 50 años de haberse creado, siguen existiendo vicios que se quieren ocultar y que a la clase política no le conviene transparentar porque todos sacan una tajada de esto: alcaldes, concejales, parlamentarios, consejeros regionales y el gobernador. Todos.

El objetivo del programa es dar empleo, pero nada queda claro. No sabemos cómo se elige a los trabajadores; hay criterios que desconocemos si realmente se cumplen. Tampoco sabemos quién está detrás de las ONG que sirven como empleadores. Y por arriba, en las cúpulas, vemos cómo Rodrigo Mundaca le pega a Manuel Millones y viceversa, sin que nadie entienda nada de nada.

Pero la caja de Pandora que se abrió tras conocerse que hoy muchos de los municipios podrían estar utilizando a estos trabajadores para formar verdaderas “segundas plantas municipales” es un escándalo de proporciones. Podría ser lo más cercano a lo sucedido en 2006 con los PGE. No es un misterio que, en Valparaíso, por ejemplo, este tipo de programas agrupa a centenares de personas que incluso comparten paseos y muchos beneficios municipales, y cuyos integrantes se sienten uno más de la planta.

Qué decir de que inclusive existen sindicatos de estos trabajadores y muchos de ellos tienen más de 10 años de antigüedad. Es decir, desde que Pinochet creó estos planes, el regreso a la democracia los ha administrado no para una situación de emergencia o puntual, sino para esconder estas verdaderas listas de beneficiados a la par de los funcionarios a honorarios, contrata y de planta de un municipio.

No podemos seguir tapando el sol con un dedo. Estos programas no son de emergencia; acá se esconde una cadena de favores políticos hacia mujeres que, en muchos casos, son muy humildes y no se dan cuenta de cómo son utilizadas por las derechas y las izquierdas para formar parte de este engranaje. Es hora de acabar con este sistema. Los municipios o asumen y transparentan esta "segunda planta", o bien pagan el costo político de terminar con una mala forma de conceder empleo.

Todos lo avalan, pocos hablan. Veamos si la autoridad se pone colorada por una vez. Son 50 años de estos programas: los creó Pinochet, les puso un nombre y ahora, con una sigla más sofisticada, son defendidos por el hombre que más reniega del dictador. Pero en el fondo, es la misma... pero con otro olor. Una vergüenza de nuestra clase política. Partiendo por quienes lo permiten: nuestros alcaldes y alcaldesas. Da lo mismo si son de derecha o de izquierda, todos lo permiten.