Este jueves se inicia una nueva versión de la Expo Quillota, el evento insigne de la administración de Luis Mella. Tan antiguo es el acontecimiento como los años que el alcalde lleva en el cargo. Se trata de una instancia que ha crecido desmedidamente en todo sentido: en importancia, en trascendencia y también en costos para el municipio.
El modelo de negocios con el cual Quillota realiza la Expo es añejo y carece de la visión que le puede impregnar una administración joven. La comuna no sabe vender su marca. El evento en general se podría catalogar como el segundo de mayor relevancia en la región de Valparaíso, superando incluso al Festival del Huaso de Olmué. Una sola noche de la Expo en el Estadio Lucio Fariña puede congregar entre 20.000 y 27.000 espectadores, mientras que en Olmué, con suerte, a El Patagual alcanzan a entrar un cuarto de esa cifra.
El único evento que supera a la Expo Quillota en la región es el Festival de Viña del Mar. Por eso es tan relevante saber administrarlo, conducir decirlo y hacer de este hito quillotano una marca nacional.
Este año, por primera vez, el evento será transmitido a todo el país por televisión abierta. Será Mega, el canal líder de la industria televisiva, el que lo ponga en sus pantallas. Además, llegará la misma animadora del Festival de Viña a conducirlo: nos referimos a Karen Doggenweiler. Quizás sea un regreso que recuerde aquel áspero año 2005, cuando la hoy animadora del evento de Luis Mella hacía campaña junto a su marido, el entonces candidato Marco Enríquez-Ominami (el mismo que le arrebató el escaño de diputada a la mismísima hermana del alcalde; increíbles son las vueltas de la vida). Hoy, Mella parece admirar a esa figura que se subirá al escenario del Lucio Fariña.
Este año la Expo Quillota se pondrá pantalones largos, sin duda; es más, se vestirá de gala. Por eso resulta tan relevante que también sea el último año en que el municipio desembolse 400 millones de pesos para su producción. A partir de ahora, este evento no debe ser un gasto para las arcas comunales, sino transformarse en una fuente de ingresos. Es este, sin duda, el próximo escalón que debe dar Mella.
Un spot de 30 segundos en el prime time de Mega cuesta entre 3 y 4 millones de pesos por pasada. Una sola tanda de 10 comerciales representa 40 millones en ventas para el canal. Si sumamos entre dos y tres tandas por noche y las multiplicamos por los tres días de transmisión, la cifra final es verdaderamente importante y relevante. ¿Cuánto de eso le llegará a la Municipalidad de Quillota? La respuesta es clara: ningún peso.
Pero esto no es culpa de Mega, sino de Mella, quien no logra visualizar la importancia del producto que él mismo creó. Su vecino en Limache, por ejemplo, la tiene clara. Luciano Valenzuela, edil de esa comuna, no gasta un solo peso del municipio para organizar sus Fiestas Patrias en el estadio; es más, el recinto recauda millones de pesos y, como exigencia, se impone que el evento sea gratuito. Esto lo puede lograr gracias a la visión que posee al administrar una comuna. El modelo de Limache funciona principalmente a través de una concesión pública.
En lugar de que el municipio desembolse cientos de millones de pesos del presupuesto comunal para pagarle a una productora, se licita la concesión del Estadio Municipal. El privado que se adjudica el evento asume la producción, la contratación de artistas y se financia mediante la venta de puestos de comida, ramadas y espacios comerciales. En contraste, el modelo de Quillota consiste en un gasto directo y un subsidio municipal: el municipio financia la mayor parte del evento contratando directamente a una productora por un monto base (400 millones de pesos), asumiendo además un riesgo financiero directo si las metas de recaudación no se cumplen.
Las dos caras de la Expo: el evento más relevante de la región después del Festival de Viña, pero lastrado por un modelo económico arcaico y añejo. ¿Podrá Mella darle valor real a su propio evento? Es una duda razonable.