El Presidente José Antonio Kast y su Ministro de Hacienda Jorge Quiroz a 12 días de asumir oficialmente sus cargos, ya están haciendo historia. Juntos pasarán como los hombres que han decretado el mayor aumento en el precio de los combustibles en la historia de Chile. $370 al menos para las gasolinas y $580 al menos para el Diésel.
La decisión tomada por el Ministro de Hacienda, y avalada por el Presidente Kast, nos genera varias dudas sobre si realmente están haciendo la pega o simplemente están tratando al Estado como una empresa. “Fisco sin caja”, “la situación fiscal es extrema, no dejaron plata”, “esa es la empatía que conozco, nace de la verdad”, “yo no voy a retroceder” son parte de las frases que ha dicho el Ministro.
Esa “verdad” o transparencia que dice tener Quiroz no es criticable, lo que sí es la forma de equilibrar justamente la protección social que debe tener un Gobierno con la realidad fiscal. Equilibrar la protección social con la realidad fiscal significa diseñar e implementar políticas públicas que brinden apoyo a la ciudadanía (salud, pensiones, educación, transferencias monetarias) sin gastar más dinero del que el Estado puede recaudar de manera sostenible. Acá se requiere cabeza para lograr estabilidad en las arcas fiscales, pero al mismo tiempo proteger a la ciudadanía.
La medida tomada por Kast y Quiroz logra una de aquellas: estabilizar las arcas fiscales, pero no cuida a la ciudadanía. Si esta medida la tomara el Presidente en la cadena de restaurantes de su familia, quizás estaría espléndida. Lo más probable es que el propio Ministro les haya dado este consejo a sus clientes de Quiroz y Asociados, en los más de 30 años que lleva asesorando grandes empresas en temas de libre competencia, regulación y estrategia de mercado, pero Chile no es una empresa. Ellos no dirigen una multinacional, ellos están acá para administrar un Estado y eso incluye respetar y proteger a sus ciudadanos.
Quienes van a sufrir el alza de los combustibles no serán los empresarios, no serán ni siquiera las pymes o comerciantes, porque traspasarán ese sobreprecio a sus mercaderías. Serán los que menos ingresos tienen. Justamente a los que hay que proteger. La medida de eliminar la herramienta de protección de los precios que es el Mepco es entendible, pero no se puede explicar cómo dejamos a la deriva a la mayoría de los chilenos que viven con un sueldo mínimo. A ellos el pan, el té, el café, el azúcar les costará más caro en las próximas semanas. ¿Kast y Quiroz entenderán que existe gente que esta medida definitivamente ahogará económicamente a los más pobres?
El fondo de la decisión está bien, el problema es la forma. Acá no hubo mucha cabeza en la solución, no se pensó, solo se ejecutó. Sin duda, nos falta cuidar a los más pobres, que luego de esta alza tendrán un impedimento más para llegar a fin de mes, para salir de la pobreza, para avanzar en su día, en una lucha diaria que solo conocen ellos, una realidad alejada de las parcelas de Buin o de La Dehesa, o de Bosques de Montemar. Una realidad que afecta a lo que la izquierda llama el territorio y la derecha casi despectivamente le dice clase media. El Estado debe caminar de la mano con ellos y entender que no todos pueden ser tratados de igual forma, quizás un bono de ayuda sería un buen gesto para ellos, es lo que hace un Estado que cuida, pero claramente no lo que hace un empresario que quiere recaudar. No podemos dudar de las intenciones de Kast o Quiroz, sabemos y estamos convencidos de que quieren lo mejor para Chile. Pero ya un Ministro de Estado como fue Jaime Mañalich en el contexto de la pandemia, reconoció que no tenía real conciencia de la magnitud de la pobreza y el hacinamiento en ciertos sectores de Santiago.
¿Tiene conciencia el señor Quiroz de aquello? Nadie pone en duda su conocimiento y manejo en las decisiones económicas y asesoramiento a grandes empresas. Pero, ¿conoce la pobreza, señor Ministro?
No se puede olvidar el Presidente que él ganó y arrasó en las comunas más pobres de Chile. Ganó en Saavedra, en La Araucanía, en Alto Bío Bío, en Lumaco, en Tirúa, en Teodoro Schmidt. Ellos confiaron en usted, no los olvide. Si bien es cierto que también ganó en Vitacura, Lo Barnechea, Las Condes o Providencia, la diferencia entre un Chile y el otro es abismal.
Claramente, acá habrá pérdida de capital político, pero en eso el Presidente no se pierde. Si algo bueno tiene José Antonio es justamente que no actúa para la galería. Algo parecido dijo el Ministro de Hacienda sobre su simpatía. Pero una cosa es que tengamos un Presidente y un Ministro poco simpáticos, y otra es que sean poco empáticos. La estabilidad de las arcas fiscales se debe priorizar, pero no a costa de los más pobres de Chile.