Este lunes más de 300 mil jóvenes se enfrentarán a la Paes, la llamada Prueba de Acceso a la Educación Superior. En el pasado fue la Prueba de Aptitud Académica, para otros la Prueba de Selección Universitaria, más conocida como PSU, e incluso se llamó PTU en su minuto. El nombre da lo mismo. La ansiedad de enfrentar ese momento es solo comparable con una prueba deportiva quizás.
Para un adolescente que ha terminado la enseñanza media esta prueba del próximo lunes, martes y miércoles puede significar lo mismo que para un jugador de fútbol enfrentar quizás el lanzamiento de un penal en la final del torneo.
El niño o niña que enfrenta el desafío tiene también un estadio lleno mirándolo. Los tíos, las tías, las abuelas y abuelos, y los propios padres que con ansias estarán esperando aquel resultado. ¿Podrá sacar los puntos esperados?
Al igual que el futbolista que lleva un año entrenando, poniéndose a punto físicamente, este adolescente lleva todo un año con horas extras al estudio, acudiendo quizás a un preuniversitario, preparándose y ensayando una y otra vez las famosas preguntas con alternativas. De la misma forma que el futbolista ensayó con su arquero una y otra vez los lanzamientos penales.
Pero ¿se juega todo en ese penal o en esa prueba del lunes? La verdad es que no. Es más, hoy lamentablemente vivimos en una sociedad exitista, no sabemos reconocer que, muchas veces, el fracaso puede ser una herramienta de aprendizaje al verse no como un final, sino como una oportunidad para crecer, innovar y desarrollar resiliencia.
Si a un jugador de fútbol se le va un penal en la final del torneo no pasa nada. Si a nuestra niña o niño no consigue el resultado esperado, tampoco. Es eso lo que primero debemos tener en claro. No tenerle miedo al fracaso. Al tropezar. Cuando uno cae lo más sabroso es levantarse. Cuando uno, por ejemplo, quiebra en el mundo de los negocios, pero luego de un tiempo logra ponerse de pie, esa pequeña victoria tiene un sabor distinto, el logro se cuida de otra manera.
Quizás muchos de nuestras niñas y niños ni siquiera van a tropezar en esta prueba. Quizás al igual que ese jugador de fútbol gritarán goool al final de la jornada. Y ojalá así sea para todos quienes rendirán de Arica a Punta Arenas este fatídico examen. Pero, lo relevante al menos de este mensaje es también tener la capacidad de siempre ponerse en el peor escenario y tener un plan b para enfrentarlo.
No todo depende de una prueba, una niña o un niño no se define por su rendimiento académico, ya que las notas no capturan su valor, su esfuerzo, sus habilidades sociales, su creatividad ni menos su desarrollo emocional. Es un error encasillar a uno de nuestros jóvenes por sus calificaciones o por su rendimiento en una prueba.
Este fin de semana padres e hijos que serán protagonistas en los próximos días de este estrés adicional al de todos los días deberán vivir con tranquilidad, con una rutina más relajada, proyectada en el bienestar de aquel estudiante que tendrá que enfrentar ese estadio lleno y tirar su penal. Lo principal es que la hinchada familiar debe blindar el apoyo. Solo con amor de familia, de hermanos, de profesores, de compañeros, del entorno, podremos tener futuros campeones. No es relevante caerse, lo que es importante es pararse. Atrás los nervios y veamos cómo termina quizás el partido que menos olvidarán en sus vidas.