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Editorial: La operación Le Dantec y su llegada a la EPV: la lápida final al Puerto de Valparaíso

Editorial: La operación Le Dantec y su llegada a la EPV: la lápida final al Puerto de Valparaíso

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Editorial: La operación Le Dantec y su llegada a la EPV: la lápida final al Puerto de Valparaíso
Jueves 4 de junio de 2026 19:26
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Era un secreto a voces. La operación venía ejecutándose desde hacía meses. Un gran titiritero —en las sombras, como suele ocurrir en estos casos— movió los hilos, cobró favores políticos pendientes y terminó instalando a quien, a todas luces, podría transformarse en el hombre llamado a poner la lápida final sobre el Puerto de Valparaíso y su empresa portuaria. Nos referimos al conocido y destacado lobista Gonzalo Le Dantec.

El cargo de presidente del directorio de la Empresa Portuaria Valparaíso ha sido, históricamente, un añorado botín. Lamentablemente, pocas veces se le ha entendido como un puesto que debería ser ocupado por el mejor perfil técnico disponible. ¿Se imaginan allí, por ejemplo, al excomandante en jefe de la Armada de Chile y presidente de la Liga Marítima, Edmundo González? ¿O a un experto en política portuaria? ¿O a alguien proveniente de la academia? ¿O, al menos, a una persona con conocimiento básico de cómo se conduce una empresa estratégica para el Estado y para la región?

Porque ese cargo no es decorativo. La presidencia de una empresa portuaria debe ser ejercida por un perfil de alto nivel ejecutivo, profesional y estratégico. Su función principal no es administrar diariamente la carga, sino liderar el directorio, articular la cadena logística, asegurar la rentabilidad de los activos del Estado y garantizar un desarrollo sustentable, en armonía con la ciudad y con la comunidad portuaria.

La pregunta, entonces, cae de maduro: ¿es ese el perfil de Le Dantec?

Cuando revisamos la trayectoria de este abogado, cuyo principal activo parece ser su cercanía con políticos con poder, aparece inevitablemente su pertenencia al conocido “Club de La Consentida”: un grupo de amigos -que podrán ver en la fotografía de esta editorial- que se reúne cada cierto tiempo para, según ellos, “influir”. Un puñado de comensales que, al ritmo de una parrilla y al menos un par de veces al mes, busca la forma de hacer aquello que en su jerga llaman “administrar el poder”.

Incluso recurren al denominado “decadente” para sus burdas artimañas, dejando morir a uno de los medios más importantes que ha tenido nuestra región, hoy mal utilizado precisamente por este tipo de personajes.

Qué mejor postal que aquella fotografía que hace años publicó este mismo medio y que deja al descubierto un modus operandi: instalarse e instalar en espacios de poder elegidos a dedo por políticos que no tienen conocimiento real de nuestra región ni de nuestra realidad. Para ellos basta el argumento más básico de cualquier relación social conveniente: “Es buena persona”.

Nadie puede dudar de que, probablemente, Gonzalo Le Dantec sea una buena persona. Pero el Puerto de Valparaíso no necesita buenas personas: necesita conducción técnica, profesionalismo, visión estratégica, poder de mando y capacidad real de dirección. Necesita dejar de ser visto como un botín político reservado para el mando de turno.

Antes de ayer fue la Democracia Cristiana. Ayer, los socialistas y el Frente Amplio. Hoy, claramente, la UDI y Republicanos se reparten una trinchera que ostenta algunos de los sueldos más altos entre las empresas portuarias del país. Y, como suele ocurrir, la principal motivación no parece estar en encontrar a los mejores, sino en ubicar a quienes fueron leales a uno o dos personajes con poder de decisión.

El plan y la llegada de Le Dantec a la máxima testera de la Empresa Portuaria Valparaíso no son casualidad. Forman parte de un entramado que se viene gestando desde hace mucho tiempo y que, muy probablemente, tiene entre sus objetivos concretar el regreso a la gerencia general de Gonzalo Davagnino Vergara, quien ya ocupó ese mismo cargo entre 2014 y 2019.

De concretarse aquello, estaríamos frente a la lápida definitiva para un puerto que agoniza, precisamente, porque su futuro se discute en asados, entre copas de vino y vasos de whisky. Un puerto cuyo destino se decide menos por criterios técnicos que por lealtades de sobremesa. Porque, al parecer, lo que menos importa es cómo avanzará Valparaíso.

Lo que realmente importa es cómo se reparte la torta entre los amigos de los asados en la parrilla de Bosques de Montemar.