Nos encanta ver cómo las comunas de Concón y Viña del Mar son apreciadas, por ejemplo, desde la capital. Cuando quienes vivimos aquí hablamos de nuestra vida diaria, en Santiago nos miran con envidia: ver las puestas de sol o levantarnos y contemplar el mar mientras nos trasladamos al colegio, a la universidad o al trabajo. Sin embargo, en el día a día nos encontramos con una realidad que llama profundamente la atención: no somos capaces de mantener nuestras señalizaciones ni las demarcaciones de las calles.
Esto no solo pasa en Concón o Viña del Mar, es una constante. Por ejemplo, al entrar a Quillota por el empalme de la Ruta 60 CH, uno se encuentra con una extraordinaria pista entre San Pedro y la población El Sendero; sin embargo, al mirar hacia el costado de la ruta, la maleza crece por montones y resulta evidente la falta de cuidado.
Lo mismo se aprecia en el tramo que une las ciudades de Concón y Viña del Mar por la avenida Edmundo Eluchans, que luego continúa como avenida Concón-Reñaca. Las demarcaciones se están borrando, las barreras que separan la vereda de la calle se ven oxidadas y la falta de mantención es notoria.
¿Qué decir del sector de las dunas, frente al Lider Express? Para empezar, nadie respeta el cruce peatonal y la gente cruza por cualquier parte, la duna se desmorona hacia el camino y los hoyos comienzan a multiplicarse.
Si continuamos hacia Viña del Mar, el tramo entre Reñaca y la Ciudad Jardín se convierte en una verdadera prueba de esquivar ‘’eventos’’ viales, algo que se repite al regreso. Al costado del cerro se ven cables caídos en el suelo, la solera partida por todas partes y ni hablar del óxido en la reja que separa la ciclovía de la calzada. Sumado a esto, se observan construcciones cada vez más abandonadas.
Son detalles menores, pero no por eso menos importantes. Son situaciones que se pueden solucionar con una ‘’manito de gato’’ rápida que nos permita ver y sentir un entorno ordenado. Concón, por ejemplo, cuenta con una máquina bacheadora encargada de tapar hoyos y ‘’eventos’’. ¿Se utiliza realmente? ¿No se podría prestar para el tramo Reñaca-Viña?
Es cierto que el pintado de las calles no siempre depende del municipio —existen vías que corresponden al Ministerio de Obras Públicas—, pero es desde las alcaldías donde deberían preocuparse y ocuparse de lo mínimo en la estructura urbana: que nuestras calles se vean limpias.
Por ello, resulta clave fiscalizar qué están haciendo las direcciones o departamentos de Aseo y Ornato de nuestras ciudades. Su labor no consiste únicamente en retirar la basura, sino también en cuidar las vías, pasajes y espacios públicos. Es evidente cómo una calle bien demarcada, un paso de cebra visible, un letrero en buen estado, una barrera pintada o una vereda limpia proyectan una imagen totalmente distinta y nos invitan a cuidar más nuestras ciudades.
Hoy, cuando caminamos por nuestras calles, nos damos cuenta de que no lucen tan bellas ni limpias como deberían. Sabemos que los municipios enfrentan grandes desafíos, pero a menudo lo más simple se deja de lado. Partamos por tapar los hoyos. Es lo mínimo, ¿o no?