Luis Mella es un animal político. El alcalde de Quillota, quien ha estado en el sillón alcaldicio por más de 30 años, solo se tomó un respiro de cuatro años. No hay proyecto emblemático en la ciudad que no haya pasado por él. Hubo algunos fracasos, como el Parque Tecnológico Industrial, y otros abandonados, como el Parque El Edén; pero nadie puede discutir, por ejemplo, su visión de ciudad cuando habló de cambiar el trazado de la línea férrea que partía a la ciudad en dos.
Hace muchísimos años era impensado ver una avenida como Condell. Hoy no podríamos imaginar a Quillota sin esa obra. Qué hablar del Estadio Lucio Fariña, uno de los más modernos de la región y casa deportiva para muchísimos eventos en el año. Sumemos el Hospital Biprovincial: no olvidemos que fue justamente bajo su mandato cuando la visión —nuevamente— de este verdadero gurú quillotano logró anticiparse y poner un terreno municipal a disposición para su construcción.
Hoy, el sueño del alcalde doctor está puesto en las dependencias del ex Hospital San Martín. Una de sus mayores obras ha sido la Casa de Acogida, cuyos réditos internacionales son palabras mayores y le han significado un sólido reconocimiento. Sin embargo, hoy Luis Mella está políticamente solo.
Mella tiene intacta la potencia electoral con sus electores. Pese a que en la última elección le ganó a su propio delfín, fue una de las elecciones más peleadas que le tocó enfrentar. Además, por primera vez no le molestó "derechizarse". Nadie los vio, por ejemplo, ni a él ni a su hijo hacer campaña con Jeannette Jara. Estuvo mucho más cerca de Manuel Millones que de Rodrigo Mundaca en la elección de gobernadores. Qué hablar de cómo le brillaban los ojos cuando se encontró con María José Hoffmann.
Junto con ello, en el camino Mella sufrió la decepción de la Democracia Cristiana. Se alejó, y además el partido prácticamente ya no existe. Cristián Mella, su hijo, usó el cupo, pero lo cierto es que padre e hijo tienen su propia religión, su propio partido y su propio estilo. Políticamente, Mella solo tiene a Mella.
A esto debemos sumar que el nivel de soberbia del alcalde es su mayor enemigo. No solo no sabe olvidar, sino que es obtuso. No logra entender que él debe ser el líder de una ciudad, que puede tener detractores y que decirle que no todo es cien por ciento maravilloso no está mal; es parte del juego. Él está acostumbrado a ser adulado, y quien le lleva la contra pasa a ser su enemigo.
Pero, queramos o no, es el alcalde de Quillota. Y queramos o no, debemos reconocerle que además es talentoso. Por último, su idea de transformar el ex Hospital San Martín en una casa de acogida gigante y un centro para el adulto mayor no solo es brillante, sino transformadora, única y, por qué no decirlo, muy poco conocida en Chile y Latinoamérica.
Pero Mella no podrá hacerlo solo. Necesitará del apoyo mediático, partiendo por los mismos medios que necesitan visibilizarlo primero a nivel regional y luego nacional. Segundo, necesitará a los consejeros regionales y al propio gobernador para que le asignen el financiamiento. Y tercero, necesita, lo quiera o no, al Ministerio de Salud y al Servicio de Salud Viña del Mar-Quillota. Es decir, necesita toda una red, todo un equipo. Solo no podrá, por más que tenga el fervor popular. Y para construir en equipo se debe saber liderar.
La idea es espectacular; veamos si es capaz de llevarla a cabo o, al menos, de comunicarla. ¿No debería partir por no hacer diferencia con algunos medios regionales? Veamos si la soberbia puede ser vencida por el líder. Por ahora, Mella está con la soledad; pero no es un nombre, es un estado: una soledad política en la que solo tiene a su hijo. ¿Quién más se suma?