Una verdadera situación de caos vial se ha vivido este lunes y martes entre Valparaíso y Viña del Mar, tras el cierre de una de las vías que une al Puerto con la Ciudad Jardín. El pasado sábado se produjo una remoción en masa que afectó a una ladera de esta importante ruta costera, lo que bloqueó al menos dos de las tres calzadas y dejó al descubierto un gigantesco árbol que amenazaba con caer a la calzada.
24 horas después, el día domingo, la situación seguía de la misma forma. Pese a que se había advertido que, pasado el mediodía de ese día, la ruta podría haber quedado habilitada, lo cierto es que no había certeza del peligro que podía existir y sí había amenaza de nuevos derrumbes. Quienes estuvieron en el lugar cuentan de la impotencia del delegado presidencial, Manuel Millones, quien se encontraba literalmente con las manos atadas. Pidió ayuda al municipio de Viña del Mar, desde donde habrían respondido que los domingos no se trabaja en el área de camiones y maquinaria. Tampoco se pudo acceder a carros de bomberos con escaleras telescópicas, debido a que el personal que los opera no estaba disponible. Menos mal que no hubo incendios en edificios en altura ese domingo.
Llegó el lunes y el caos se hizo sentir a primera hora de la mañana, con enormes tacos a la altura de Caleta Portales. Mientras miles de personas esperaban llegar a Viña del Mar, el tránsito habitual de 10 minutos se hizo eterno al tener que ocupar los desvíos por el Cerro Esperanza y Recreo. Pasó todo el día lunes y nada de nada: la ruta seguía cerrada. Inclusive Chilquinta, que nada tenía que ver en el proceso, ayudó con personal para cortar el árbol que amenazaba con caerse. Verdaderos "hombres araña" subieron la ladera del cerro con cuerdas, pero al final del día todo seguía igual. La ruta continuaba cortada y el caos de la tarde del lunes fue peor: el trayecto normal entre Valparaíso y Viña del Mar demoró hasta 90 minutos e incluso dos horas.
Estamos a martes, pasado el mediodía, y la situación es la misma. Averiguando por diversas fuentes, nos encontramos con que la verdadera razón que no permite abrir la ruta es un informe del Sernageomin —el Servicio Nacional de Geología y Minería—, cuyo rol es investigar la geología del país, vigilar los riesgos naturales como volcanes y aluviones, y fiscalizar la seguridad y normativa en las minas.
Esta unidad en la región de Valparaíso es reducida. Su director, Christian Orellana —quien no logró autorización del nivel central para darnos una entrevista—, a la hora del taco y el caos en las calles se excusó diciendo que estaba en terreno recibiendo a un pequeño minero de Cabildo, tras haber evacuado un informe que nada dice y que solo busca lavarse las manos. Según este documento, se identificó el problema de Avenida España como un fenómeno de deslizamiento de bloques y cuñas de roca, junto a cobertura vegetal y suelo de composición arcillosa y limosa, estableciendo las precipitaciones intensas como desencadenante.
Como sugerencia, estableció que se debe realizar un análisis geotécnico de detalle que permita determinar un sistema de soporte y/o fortificación adecuada para el talud; solo después de eso se verá la posibilidad de autorizar la apertura de la vía.
¿Cuánto demora aquello? Nadie lo sabe. ¿Cuánto más estará cerrada la Avenida España? Tampoco. En el fondo, una verdadera “burocracia” que se pasea de oficina en oficina, con informes y más informes, cero operatividad, cero capacidad de solución y, en resumen, un problema mayúsculo de conectividad que nos afecta a todos y del cual no sabemos cómo se podrá avanzar.