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Editorial: La Agencia de Empleos del Teniente Pardo: “Hoy por mí… y mañana también por mí”

Editorial: La Agencia de Empleos del Teniente Pardo: “Hoy por mí… y mañana también por mí”

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Editorial: La Agencia de Empleos del Teniente Pardo: “Hoy por mí… y mañana también por mí”
Jueves 26 de marzo de 2026 17:50
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Hay políticos que entienden el servicio público como una responsabilidad, y hay otros que lo entienden como una bolsa de trabajo. En el caso del Teniente Pardo, la pregunta ya no parece ser “¿qué necesita la región?”, sino a quién logra acomodar primero. Porque, más que parlamentar, da la impresión de que el Diputado por el distrito 6 anda administrando algo así como un laborum.com con cargo al Estado: hoy por mí, mañana también por mí.

Su paso por el Instituto Libertad —ese espacio donde la centroderecha piensa, articula, forma cuadros y mantiene influencia— pudo haber sido una oportunidad para volver con una visión más amplia del Estado. Pero al parecer dejó otra enseñanza: que el poder no se ejerce solo desde un cargo, sino también desde el teléfono, el café oportuno, el almuerzo discreto y la conversación de pasillo adecuada. No como servidor público, sino como repartidor de contratos o boletitas de honorarios para los propios a cambio de algo de vuelta en el futuro.

Lo más llamativo no es que un dirigente de RN quiera influir. La política, después de todo, consiste en influir. Lo grave es cuando esa influencia se degrada en una lógica de cuoteo que lleva agua solo a su propio molino: poner a los cercanos, reciclar a los de siempre, reinstalar a los del círculo, ocupar las seremías como si fueran oficinas anexas de su comando. Ahí el Estado deja de ser una herramienta para servir y pasa a ser un botín para repartir.

El problema no es solo ético, también es político. Porque mientras el gobierno intenta afirmar una línea propia, aparecen operadores, como el teniente, que llegan tarde al triunfo, pero temprano al reparto. Porque no estuvo con entusiasmo cuando había que jugársela por Kast; y apareció, en cambio, cuando le tocaba cobrar. Tibio para apoyar, veloz para pedir. Moderado para comprometerse, audaz para instalar nombres.

Y así se va armando la pequeña república de los fieles del teniente Pardo en las Seremías: sus cercanos para Bienes Nacionales, conocidos para Agricultura, otros reciclados para Gobierno. Operadores para delegaciones, amigos para direcciones regionales. La vieja costumbre del cuoteo, pero con tono de reivindicación personal. No una coalición al servicio de una administración, sino una administración al servicio de una red.

La ironía es brutal: quienes suelen hablar de eficiencia, mérito y modernización del Estado terminan tratándolo como si fuera una caja de favores. Se llenan la boca con profesionalización, pero a la hora de designar, lo que pesa no es el mejor nombre, sino el más cercano. No la coherencia con el relato de gobierno, sino la obediencia al lote. No la idoneidad, sino la libreta de contactos.

Incluso en espacios especialmente sensibles, donde el criterio debiera ser impecable, aparece la tentación de meter mano del teniente Pardo. Y eso vuelve todavía más inquietante la escena: porque no se trata solo de cargos vistosos, sino también de puestos desde donde se habla por el gobierno, se administran territorios o se controlan servicios estratégicos. En una empresa como SASIPA, por ejemplo, no se discute una vanidad burocrática, sino servicios esenciales para Rapa Nui. Precisamente por eso resulta tan delicado que esos espacios se miren con hambre de control político.

Por eso el título calza solo: “La bolsa de trabajo del teniente Pardo: hoy por mí y mañana también por mí”. Porque el refrán original hablaba de reciprocidad entre iguales; esto, en cambio, parece hablar de otra cosa: del político que concibe el triunfo no como un mandato para servir, sino como licencia para instalar. No como deber republicano, sino como caja pagadora para los cercanos.

El Estado no puede ser la agencia de empleos de ningún diputado, por influyente que se crea, ni el premio de consuelo de quienes perdieron ayer y hoy vuelven cobrando con intereses. Gobernar no es repartir cargos como fichas de casino. Gobernar es otra cosa: poner a los mejores, sostener una línea y entender que lo público no se reparte entre amigos.