Cada vez estamos más cerca de normalizar hechos de violencia máxima como los ocurridos la noche de este miércoles 3 de junio en el cerro Rodelillo de Valparaíso. En dicha ocasión, desconocidos a bordo de un automóvil comenzaron una verdadera lluvia de disparos en contra de un grupo de personas que compartían en la vía pública. Eran las 21:40 horas; el blanco fueron ocho chilenos y un venezolano, dejando como saldo dos personas muertas y siete heridas.
El escenario que se vivió en aquel lugar fue de horror. Las víctimas fueron trasladadas en lo que se pudo —y de la forma más rápida posible— hasta el Hospital Carlos Van Buren. Las fallecidas corresponden a dos jóvenes mujeres, de 19 y 20 años. Según datos de la Fiscalía, en el lugar se efectuaron múltiples ráfagas de disparos con armamento automático en contra del grupo. Hasta el cierre de esta editorial, se desconocía si había detenidos por el hecho.
Aunque aún se desconoce la motivación del ataque, se presume que podría tratarse de disputas territoriales o de una venganza; sin embargo, no se descarta ninguna hipótesis. En el esclarecimiento de estos hechos ya trabaja la Brigada de Homicidios de la Policía de Investigaciones de Chile (PDI).
El hecho es inédito en la región debido al alto número de heridos, lo que motivó que se pusieran todos los recursos, tanto del Ministerio Público como de las policías, a disposición de la investigación para dar con el paradero de los pistoleros. Sin embargo, este suceso deja en evidencia algo que se ha querido ocultar: cuando llegó Carabineros, el sitio del suceso se encontraba completamente alterado; estaba limpio.
‘’Estaba limpio en términos literales: hicieron un barrido y se echó un líquido para limpiar’’, detalló una fuente oficial. A sus dichos se sumó otra voz ligada al caso, quien confirmó que ‘’incluso no había rastros de sangre ni de ningún tipo de casquillo, a pesar de la cantidad de disparos que hubo en el lugar como para herir a nueve personas y ocasionar la muerte de dos de ellas’’.
Este hecho va de la mano con un preocupante dato estadístico que sitúa a Valparaíso en una condición de alerta máxima; una realidad que la autoridad no ha sopesado con la suficiente rigurosidad, apuntando las críticas directamente a la Seremi de Seguridad y al propio Ministerio del Interior. Carabineros reportó un total de 46 homicidios en tan solo cinco meses de este 2026 en la región, superando en un 35% las cifras de 2025 en el mismo lapso.
Al revisar el desglose, queda en evidencia que los homicidios están completamente descontrolados en el puerto principal. La Prefectura de Valparaíso registra el mayor incremento en lo que va del año, pasando de tres homicidios al 31 de mayo del año pasado, a 11 en igual fecha de este 2026. De esos 11 casos, 10 ocurrieron en la comuna de Valparaíso, mientras que uno tuvo lugar en la comuna de Casablanca.
Estamos hablando de un alza desmedida que, sumada a lo acontecido a solo tres días del cierre del informe en cuestión, debe generar una reacción inmediata de las autoridades y una coordinación efectiva de las policías. En menos de seis meses, solo en Valparaíso ya registramos 13 homicidios; el último de ellos da cuenta de que, sin ningún tipo de pudor y en plena calle, se desató una cuantiosa balacera. ¿Cuál es el límite? ¿Qué acciones concretas se podrían tomar? Una «operación candado» en Valparaíso, una intervención policial extrema o un delegado especial... lo que sea, pero algo se debe hacer. Valparaíso está completamente fuera de control en sus tasas de homicidios.
Hoy los delincuentes no solo asesinan a sangre fría y sin pudor, sino que también limpian el sitio del suceso. No podemos normalizar estos hechos de violencia. Valparaíso se está transformando en la capital de los asesinatos en nuestra región.