El Gobierno del presidente José Antonio Kast avanza por una especie de inercia. No logramos captar la estrategia y, menos aún, el diseño comunicacional. Parece que va improvisando, sin aprovechar hechos relevantes y generando errores no forzados tan evidentes que hacen dudar de la capacidad de gobernabilidad desde La Moneda.
Por ejemplo, este viernes se lanzó el esperado proyecto de modernización a Carabineros; el mismo que la exministra Steinert se negó a discutir en el Congreso Nacional, desatando las críticas de Rodolfo Carter. Hoy es Martín Arrau quien logró convocar y unir en una postal a un Gobierno que se toma la agenda, pese a que, tan solo horas antes, habían anunciado la salida del subsecretario de Hacienda por dar positivo en un test de drogas.
Aquella noticia, entregada por Claudio Alvarado mediante la lectura de una minuta, dejó al descubierto dos hechos. Primero: fue fome. Segundo: queda claro que no hay vocería. Tan solo unas horas antes, habíamos visto la entrevista de la exministra Mara Sedini, quien ya nos adelantaba que, efectivamente, el modelo de este Gobierno era ese: sin vocería y fome.
¿Era necesario anunciar la salida de Rodríguez tan solo unas horas después de haber puesto en riesgo la megarreforma en el Congreso y a puertas de lanzar el plan de modernización a Carabineros?
Quizás la información se iba a filtrar por otro lado, pero lo cierto es que causa extrañeza que no conozcamos detalles básicos: cuál es el laboratorio que realizó los exámenes, qué tipo de prueba se aplicó, por qué no se esperó una contramuestra o desde cuándo se conocía el resultado. Se mencionó que la toma de muestra fue en junio y ya estamos terminando julio. ¿Por qué no se conoció antes?
Por otra parte, la entrevista en Sin Filtros a su ex-panelista y exministra estaba dejando un sabor de boca complejo para La Moneda. El segundo piso y, sobre todo, el establishment político ya habla en la interna de falta de códigos y de inexperiencia. En palabras simples: ¿qué pretendía Sedini con aquella jugada? Lo más fácil es pensar que busca volver a ocupar el rol con el cual la conocimos: la panelista de ultraderecha con un concepto liberal.
Si a todos estos hechos le sumamos que un diputado de la región, el seremi local y el ministro de Vivienda se enfrascaron en una guerra de videos en redes sociales que, tras un par de días, borraron misteriosamente, queda claro que hay un denominador común en estas historias. Alguien opera desde las sombras y maneja el circo y la trama; alguien que no necesariamente es Kast.
Una exvocera que habló lo que nunca debió contar, un test de drogas cuya custodia no se cuidó y videos que desaparecen: todos son errores no forzados, pero también consecuencias directas de otros actos. Alguien pensó que atacando a Sedini se le pegaba al segundo piso; alguien creyó que sacando a Rodríguez por consumo de drogas —pese a que él lo niega— era una forma de nivelar el piso; y alguien llamó a Poduje y a Celis para pedirles que bajaran sus publicaciones. Ese hombre es, sin duda, el gran titiritero de esta obra, cuyo nuevo acto podríamos llamar simplemente: "Error no forzado". Y no es solo uno; son varios.