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Editorial: El desesperado grito de auxilio de los conductores de micros: Más fiscalización

Editorial: El desesperado grito de auxilio de los conductores de micros: Más fiscalización

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Editorial: El desesperado grito de auxilio de los conductores de micros: Más fiscalización
Jueves 7 de mayo de 2026 19:00
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La Región de Valparaíso vive una realidad en el transporte público que muy pocos conocen. Por una parte, se nos dice que llegarán las micros eléctricas, se habla de la renovación del parque automotriz, se nos dice que tendremos validadores electrónicos, pero en el día a día, en la realidad de la calle, en esa que el chofer se sube a la micro, existe una vida paralela que cuesta entender y dar a conocer.

Lo que debería pasar es que los empresarios dueños de buses del Gran Valparaíso, como por ejemplo el gran empresario Reinaldo Sánchez, deben contratar choferes para que salgan a manejar los buses. En el papel, él debería pagarles un sueldo a cada uno y eso sucede, pero en la realidad es muy distinta.

Un chofer de micro parte su día a día sin tener certeza de cuánto va a ganar. Por eso las grandes velocidades, muchas veces se acude a la droga para estar más horas despierto, porque el crudo realismo que sucede es que aquel conductor se sube a la máquina a una lucha diaria para obtener su sueldo, cuando eso no debería ser así.

Un chofer parte el día primero, teniendo que hacer el dinero para llenar el estanque de combustible, luego para pagar la cuota al dueño del bus y lo que queda es para él. Con el alza del diésel, claramente la cuesta arriba del día a día es más alta y muchas veces la vuelta no alcanza, pero ¿debe pagar el conductor aquello?

El empresario dueño de la máquina recibe un subsidio estatal por su bus circulando, sin contar que la mitad de ellos sigue recibiendo el dinero del Estado, aunque la micro esté parada. La fiscalización del Seremi de Transportes es nula, pero lo que se devela ahora es que también la misión de la Dirección del Trabajo y de la propia Seremi de la cartera tampoco hacen una fiscalización acorde que pueda dilucidar si los contratos se están cumpliendo o no.

Si el empresario dueño de una máquina mueve el bus o no, igual recibe el dinero del subsidio. En cambio, si el chofer no hace la cuota del petróleo, no da lo mismo. Eso no es justo.

Hoy existe una realidad no transparentada en lo que sufren día a día los conductores de las micros. Por eso cada vez hay menos. Por eso muchos deciden irse al norte del país a trabajar en mineras o dedicarse al Uber. Los empresarios dueños de los buses han matado el trabajo del chofer porque lo esclavizan a un sistema que lo único que produce es desgaste, mal servicio y el uso de drogas para estar despierto.

Necesitamos que la autoridad fiscalice al empresario dueño de las micros si le está dando un trato digno al chofer. Eso claramente no sucede. Hoy primero veamos las condiciones que tienen nuestros conductores y luego de aquello veamos cómo avanzar. Sin la fiscalización adecuada, seguiremos teniendo una locomoción colectiva paupérrima en nuestra región.