Intocable. Así se siente y se ve, en el espejo, el actual ministro de Vivienda, Iván Poduje; un hombre cuya mayor cualidad es su capacidad de prometer. Apenas llegó al Gobierno de Kast con casco blanco, recorrió todo Chile. Logró ese agrado inmediato y tomó el control. Prometió y prometió. En Viña, por ejemplo, dijo que eliminaría las inhabilidades en dos semanas. Aseguró que demolería en un par de semanas todas las viviendas y las haría todas de nuevo. En el fondo, ha ofrecido, literalmente, “el oro y el moro”.
Poduje es una persona muy carismática. Dice exactamente lo que la gente quiere escuchar, habla directo y es creíble. Las redes sociales lo aman; tiene defensores por todos lados. En las encuestas de marzo y abril lideraba con un 46,4% de aprobación; en Cadem era primero.
Pero la realidad y el paso de los meses ya van develando quién es realmente este arquitecto que sueña con ser presidente de Chile, y que no logra controlar a su peor enemigo: él mismo.
Erika Maira, destacada abogada, lo llevó a tribunales mediante una querella extensa, llena de pruebas y de hechos concretos. Lo acusa de falsificación ideológica de instrumento público, fraude al Fisco y de haber utilizado “el aparato estatal para cometer delitos, interferir ilegalmente en contratos vigentes, y dictar resoluciones manifiestamente injustas”; siendo la decisión más grave de todas, demoler las casas de El Olivar.
El relato de la representante de Social Arquitectura —la empresa que presenta la querella contra Poduje— afirma que los inspectores técnicos fueron “presionados de forma persistente” para emitir informes que reportaran fallas en las viviendas. La propia abogada cuenta cómo los vecinos fueron presionados para rescindir contratos, y que el ministro intervino en ámbitos que correspondían exclusivamente al Serviu.
Y quizás la afirmación que comienza a desmoronar la imagen confiable de Poduje es aquella donde se le señala directamente como un mentiroso. "Sí, lamentablemente tenemos que decir que el ministro Poduje ha mentido reiteradamente", afirma Maira.
Nuestro medio fue el primero en cuestionar el accionar de Poduje en el Ministerio de Vivienda en relación con su primer anuncio de querer demoler las casas de El Olivar. El titular de aquella nota, publicada el sábado 18 de abril, era claro: «¿Miente Iván Poduje?: Informe de IDIEM en ninguna parte dice que hay que demoler casas en El Olivar».
Poduje, fiel a su estilo, se lanzó en sus redes sociales en picada contra nuestro medio y lo descalificó por completo. Hoy, volvemos a hacer la misma pregunta: ¿Miente Iván Poduje?
Si bien hace unos meses en La Moneda era un intocable, hoy, en voz baja, muchos se preguntan: ¿no habrá cumplido su ciclo? Que la propia justicia haya paralizado el proceso de demolición que quería llevar a cabo el ministro en Viña del Mar es un golpe duro. La misma querella en su contra va a comenzar a develar el actuar de un hombre que funciona como una aplanadora: avanza sin importar si pasa por encima de una persona, una empresa, una familia, un ministro o incluso del propio presidente.
Sumado a eso, hay una presentación en Contraloría que busca inhabilitarlo, y la Comisión de Vivienda de la Cámara de Diputados ya puso los ojos en él. Prometió mucho y habló mucho, pero ha hecho poco. La verdad es que, en nuestra región, solo ha logrado que por 93 días la reconstrucción esté paralizada y que el avance sea mínimo.
En Viña del Mar comenzó su transitar político cuando fue derrotado por Macarena Ripamonti, pese a tener el apoyo de toda la derecha que lo dejó correr solito. Ahora, las vueltas de la vida nuevamente lo colocan acá, en El Olivar. Será su tozudez la que termine por sacarlo. Ya dejó de ser el favorito en La Moneda, ahora es Arrau. Ya no marca primero en las encuestas, lo pasó Arrau. Ya no es tan creíble. Ya no somos los únicos, como medio, que contamos lo que hace. Ya le queda poco. La cuenta regresiva partió y, como lo dijimos antes, su peor enemigo es él mismo.