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Editorial: Caso de niños haitianos en Chile: ¿El peor “autogolpe” del medio más creíble del país?

Editorial: Caso de niños haitianos en Chile: ¿El peor “autogolpe” del medio más creíble del país?

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Editorial: Caso de niños haitianos en Chile: ¿El peor “autogolpe” del medio más creíble del país?
Lunes 22 de junio de 2026 18:00
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En la última edición del Digital News Report, Radio Bío Bío volvió a posicionarse, por décimo año consecutivo, como el medio más fiable de Chile, obteniendo el primer lugar entre los 15 referentes de la prensa nacional que se incluyen en esta medición.

El pasado 15 de junio, la versión web de este mismo medio publicó un reportaje del periodista Néstor Aburto titulado: “Niños haitianos sin rastro en Chile: informe revela fallas graves y vuelos sospechosos autorizados”. Lo que muchos vimos inicialmente como un golpe periodístico —con información que a los pocos días escaló hasta La Moneda— podría transformarse en el peor “autogolpe” del medio más creíble del país.

Al pasar los días, podemos rescatar varios puntos. Primero, siendo justos, si bien el reportaje de Radio Bío Bío incluye el concepto de “tráfico de menores’', lo hace justamente para señalar que ninguno de los antecedentes publicados en la nota permite acreditarlo. Segundo, dicha información fue elaborada sobre la base de un preinforme de Contraloría y no de un informe final, lo que implica una diferencia sustantiva y abismante en la calidad y el alcance de la información disponible.

El preinforme es un documento preliminar y reservado que contiene observaciones y hallazgos iniciales sobre un hecho o denuncia. Esta instancia se envía a la entidad auditada para que presente sus descargos o rectifique. Por el contrario, el informe final es el documento público que consolida los resultados tras evaluar dichas respuestas, determinando las sanciones, sumarios o medidas correctivas correspondientes.

Para ser muy claros: el preinforme al que tuvo acceso el medio más confiable de Chile no incluye en ninguna de sus páginas las palabras “trata” ni “tráfico”. Ni una sola vez. La forma en que se abordó la información de ese documento generó un verdadero caos comunicacional, y fueron muchos los medios que salieron a replicar el contenido. Después de todo, ¿Cómo íbamos a dudar del medio más confiable del país?

Pero en lo concreto, con el paso de los días, nos hemos dado cuenta de varias situaciones. Primero, no existe ninguna denuncia que hable de una desaparición masiva de niños haitianos en Chile. Segundo, tampoco hay pruebas de que existan padres o madres haitianas buscando a sus hijos. De los 16 mil niños y niñas que ingresaron al país, solo se conoce el caso de un padre que busca a su hija de esa nacionalidad, pero ella ingresó junto a él; es decir, nunca vino en ninguno de los vuelos cuestionados.

Lo que sí dice el preinforme en cuestión es que el Servicio Nacional de Migraciones no cruzó bien sus bases de datos, que la PDI carecía de protocolos formales, que la Subsecretaría de la Niñez no hizo el seguimiento oportuno, y que tres organismos del Estado que debían coordinarse, simplemente no lo hicieron. Eso es lo que hay. Y como bien graficó El Mostrador en una nota del periodista Andrés Cárdenas, lo que vemos aquí es un desorden: un bochorno administrativo de manual.

La histeria colectiva que todos ayudamos a generar se terminó cuando los propios alcaldes de Graneros y Estación Central encontraron a los supuestos niños desaparecidos. Todos estaban con sus padres. Hacinados, pobres quizás y con carencias, quizás, pero con sus familias.

Finalmente, aquellos adultos a quienes sindicamos como presuntos traficantes de niños, podrían terminar siendo parte del único corredor humanitario que se preocupó por ellos.

Al final, se abrió una arista para criticar al Gobierno anterior y otra para seguir estigmatizando de mala forma a un pueblo hermano. Pero por, sobre todo, generamos una falsa alerta que de tráfico tiene poco o nada.