El Gobierno del presidente José Antonio Kast, con la ministra de Educación, María Paz Arzola, a la cabeza, ingresó al Congreso Nacional un proyecto de ley para reformar el Sistema de Admisión Escolar (SAE). Esto con el fin de reducir la asignación por azar —conocida popularmente como "tómbola"— e incorporar el mérito académico en la selección de alumnos por parte de los colegios.
Hoy en día, uno de los principales problemas de las familias que buscan colegios para sus hijos es que el proceso queda completamente al azar. Por ejemplo, en los establecimientos de alta demanda, la mayoría de los estudiantes no cumple con los criterios de prioridad —como tener hermanos en el colegio—, por lo que la asignación termina dependiendo exclusivamente de un sistema aleatorio.
Actualmente, este sistema no premia el esfuerzo o rendimiento académico. Una familia ni siquiera va al colegio antes de elegirlo; todo se hace de forma digital por la web oficial. Lo que no es malo, el punto es que no existe mérito. Además, en el caso de que la demanda supere a las vacantes de un colegio, el propio sistema centralizado los reubica en otro establecimiento.
Lo que busca ahora este proyecto, desde la mirada del Gobierno de Kast, es que en el caso de colegios con alta demanda —es decir, donde hay más postulantes que vacantes—, el establecimiento educacional pueda seleccionar a los alumnos bajo tres criterios: primero, mérito académico desde 7° básico en adelante; segundo, la adhesión de la familia al proyecto educativo; y, finalmente, sumar entrevistas al alumno y a los padres, situación que hoy no se cumple.
El debate que se promete dar tras esta iniciativa no es menor porque, si bien hay muchos a favor de este cambio, desde la otra vereda esto puede aumentar el riesgo de segregación escolar y volvería a introducir barreras de discriminación a muchos niños y familias. Muchos expertos ven este cambio que pretende Kast como un retroceso en los avances que se han tenido en el país en términos de equidad en el acceso a la educación.
El fondo de lo que busca el Gobierno es devolverles a las familias la posibilidad de elegir el colegio para sus hijos; pero los que se oponen dicen que este proyecto de ley no aumenta realmente la libertad de las familias, ya que la última palabra para aceptar a un estudiante no recae en los padres, sino en la discreción del establecimiento.
En su minuto, el acceso a la educación superior —llámese universidades— también vivió momentos de discriminación. Esta barrera se eliminó con la llamada PSU en su momento, hoy denominada PAES (Prueba de Acceso a la Educación Superior). Quizás la solución hoy está encaminada a un proceso similar en la educación escolar, desde 7° básico hacia arriba al menos.
Una prueba de selección garantizaría un criterio único de entrada. Además, podría permitir un mayor control en la excelencia académica de los alumnos y generaría una competencia sana, cuyo premio al mérito sería llegar a estudiar en el establecimiento que la familia y el estudiante quieran, lo mismo que pasa con una carrera universitaria, por ejemplo.
Sea como sea, el sistema actual no es óptimo, y el proyecto de Kast tampoco. Acá necesitamos un debate abierto. Sabemos que tenemos que terminar con la tómbola, pero tampoco se trata de retroceder en equidad y volver a sentirnos discriminados en algún colegio porque quizás nuestros padres no estaban casados. Es el mérito del estudiante lo que debe primar en todo aspecto. Ahora, ese mérito no solo debería basarse en notas, sino también en aptitudes. Pero todo bajo un estricto control objetivo: nada al azar, ni menos al criterio de un establecimiento, sino que —como siempre lo tratamos de decir desde esta tribuna— prime el concepto técnico. Veamos si el debate estará a la altura.