Los investigadores sostienen que el autor de los disparos sería un individuo de alta peligrosidad, vinculado al narcotráfico y posiblemente prófugo. La hipótesis se basa en la violencia y la sangre fría con que actuó esa madrugada.
Tras la confirmación del fallecimiento del sargento 2° de Carabineros Javier Figueroa Manquemilla (36), quien el 11 de marzo fue atacado con un disparo en la cabeza en medio de un control en el sector de la vía del tren en Puerto Varas, en la región de Los Lagos, la investigación que busca dar con los responsables del hecho se ha dificultado.
Según consigna La Tercera, los detectives contaban con un testigo reservado que había entregado pistas para identificar a dos supuestos sospechosos. Esa línea era considerada clave, pero según fuentes cercanas al caso, los implicados presentaron coartadas creíbles. Con ello, “dicha línea investigativa habría sido desechada” y la pesquisa volvió a su punto inicial.
La Fiscalía también revisó el rol del carabinero que estaba junto a la víctima el día del ataque. Sin embargo, hasta ahora está descartado que los disparos que causaron la muerte provinieran de su arma.
En las cercanías de la línea del tren se hallaron dos elementos relevantes: una vaina de 9 milímetros y un cargador calibre .22. La investigación establece que se percutaron tres disparos: dos de los atacantes y uno del propio carabinero, quien alcanzó a responder.
Con el fallecimiento del uniformado, los peritos podrán analizar las lesiones provocadas por los proyectiles en la cabeza del sargento, lo que antes no era posible.
Los investigadores sostienen que el autor de los disparos sería un individuo de alta peligrosidad, vinculado al narcotráfico y posiblemente prófugo. La hipótesis se basa en la violencia y la sangre fría con que actuó esa madrugada.
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