Tras los casos ocurridos en Calama y Curicó, especialista apunt a que las medidas de seguridad en colegios deben ir más allá de lo inmediato, priorizando la prevención, la convivencia escolar y el fortalecimiento de las relaciones familiares.
Los recientes episodios de violencia escolar registrados en ciudades como Calama y Curicó han reabierto el debate sobre las medidas de seguridad necesarias en los establecimientos educacionales. Sin embargo, expertos advierten que las soluciones centradas únicamente en el control de acceso podrían resultar insuficientes frente a un problema de mayor profundidad.
Raúl Perry, gerente de programa de la Fundación San Carlos de Maipo, fue enfático en Puranoticia Matinal al señalar que “esto no es una situación tan sencilla de llevar”, al referirse a la implementación de detectores de metales o revisiones de mochilas en los colegios. Según explicó, la cantidad de objetos cotidianos que podrían activar estos sistemas haría complejo su funcionamiento práctico. “Tendríamos que tener lectores o escáner de mochilas para justamente evitar todo lo que estamos comentando”, sostuvo.

En esa línea, el especialista advirtió que este tipo de medidas podrían terminar siendo paliativas. “Esto es como tratar de tapar el agua que se filtra por una pared mientras se filtra por otro lado”, afirmó, enfatizando que el foco debe estar en abordar las causas estructurales de la violencia escolar.
Entre las principales estrategias de seguridad a largo plazo, Perry destacó la necesidad de fortalecer las habilidades socioemocionales tanto en estudiantes como en sus familias. “Lo que no hemos abordado es las habilidades que necesitan los niños y niñas, los cuidadores, para tener mejores relaciones parentales”, indicó. A esto sumó la importancia de que los colegios enseñen herramientas concretas para la resolución pacífica de conflictos.
Asimismo, planteó que el aumento de profesionales en los establecimientos, como psicólogos y orientadores, puede contribuir, pero no es suficiente por sí solo. “No tenemos que pensar en alertar; alertar no es la solución”, dijo, cuestionando los enfoques centrados únicamente en la detección de casos.
Desde su perspectiva, la clave está en la prevención temprana y sostenida. “Aquí no hay que tratar de detectar tempranamente, aquí hay que tratar de prevenir”, subrayó, comparando el fenómeno con enfermedades como la diabetes: “Para impedirla tengo que ir a las causas, con mi alimentación, con mi ejercicio, con mi forma de vida”.
En ese sentido, el experto destacó la existencia de programas estructurados que ya se aplican en Chile y que han demostrado resultados positivos. “Es una vacuna social que permite a las familias y a los colegios tener una comunidad en conjunto que aborda la violencia escolar”, explicó.
Finalmente, Perry insistió en que si bien no existen soluciones inmediatas para erradicar estos hechos, sí es posible reducir significativamente los riesgos. “Nadie pretende curar el cáncer con una terapia de shock, pero podemos rebajar su riesgo”, concluyó, reforzando la idea de que las políticas públicas deben orientarse hacia la prevención integral y no solo a medidas de seguridad visibles.
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