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Psicóloga explica el trasfondo de las amenazas anónimas en colegios: búsqueda de poder, validación y falta de control emocional

Psicóloga explica el trasfondo de las amenazas anónimas en colegios: búsqueda de poder, validación y falta de control emocional

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La Dra. Lilian Loezar, académica de la U. de Playa Ancha, advierte que estos mensajes no siempre implican un ataque real, pero sí reflejan una profunda necesidad de reconocimiento y una inmadurez propia de la adolescencia, amplificada por el anonimato en redes sociales.

Psicóloga explica el trasfondo de las amenazas anónimas en colegios: búsqueda de poder, validación y falta de control emocional
Lunes 6 de abril de 2026 15:49
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El reciente clima de temor en establecimientos educacionales de Valparaíso y Viña del Mar, tras la difusión de mensajes anónimos que amenazaban con replicar el ataque ocurrido en Calama, ha encendido las alertas en comunidades escolares. Mientras colegios activaron protocolos de seguridad e incluso suspendieron clases, especialistas apuntan a comprender qué motiva este tipo de conductas en adolescentes.

Desde la psicología, la Dra. Lilian Loezar, también académica de la Universidad de Playa Ancha (UPLA), sostiene que estos mensajes no necesariamente responden a una intención real de cometer un ataque, sino a procesos propios del desarrollo adolescente. “En esta etapa, el foco está puesto en la gratificación social (…) necesitan sentirse que pertenecen a un grupo y que ese grupo los valida”, explica.

En ese contexto, hechos de alta connotación pública, como el caso de Calama, pueden transformarse en referentes que algunos jóvenes intentan imitar simbólicamente. “Empiezan como a replicar conductas o la amenaza de estas conductas (…) para tener esta sensación de poder o de notoriedad”, señala.

La especialista añade que esta búsqueda de reconocimiento se ve reforzada por una falta de madurez cerebral. “La capacidad de manejar el juicio de realidad y el control de los impulsos recién termina de desarrollarse entre los 25 a 28 años”, afirma, lo que dificulta que los adolescentes dimensionen las consecuencias de sus actos.

En esa línea, advierte que muchos jóvenes no logran diferenciar entre una “broma” y un delito grave: “No entienden la diferencia entre lo que es una pésima broma y lo que es generar un delito que implique incluso la privación de libertad”.

Otro factor clave es el rol de las redes sociales y el anonimato. Según Loezar, estas plataformas facilitan la desinhibición y la difusión de contenido violento. “El anonimato hace que la persona diga y vomite lo que quiera decir (…) la ganancia de notoriedad es lo que les importa”, sostiene.

Este fenómeno, además, tiene efectos colectivos. “Eso genera una angustia colectiva (…) una sensación de temor que paraliza, sobre todo cuando no sabes de dónde va a venir el ataque”, explica, agregando que incluso puede tratarse de información falsa que igualmente impacta la salud mental.

Finalmente, la psicóloga plantea que estos mensajes también podrían ser una señal de alerta más profunda. “Puede ser un grito de auxilio de la persona que lo está viviendo (…) esta es la punta de un iceberg de mucha desregulación emocional”, advierte.

Así, más allá de las medidas de seguridad, la experta enfatiza la necesidad de abordar el fenómeno desde la salud mental, la educación emocional y el acompañamiento familiar, como herramientas clave para prevenir que estas conductas escalen a situaciones de mayor gravedad.

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