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Militante DC indicó que "vemos cómo con estupefacción, los establecimientos, de distintas dependencias, han tenido que lidiar con las vicisitudes siempre presentes en las comunidades educativas".
Columna de opinión: Christian Cárdenas, ex gobernador de Marga Marga.
Los últimos años se han caracterizado por calendarios escolares con ciertas irregularidades debido a manifestaciones de los gremios que trabajan en la educación chilena, como profesores, estudiantes, asistentes de la educación, etcétera, por demandas específicas del sector y que apuntan a mejoras estructurales del sistema educacional chileno. Queda de ejemplo lo ocurrido en octubre del 2019, donde el estallido social que se suscita en nuestro país, apresura el término del año educativo y es así como vimos que muchos estudiantes dejaron la modalidad presencial o el estar en su establecimiento, desde ese mes de octubre.
Sin embargo, el presente año se configura como el año donde el calendario escolar se ha visto mayormente impactado, tuvo una semana presencial aproximadamente, se adelantaron vacaciones de invierno y posterior a ello comenzó la educación vía remota. En este contexto vemos cómo con estupefacción, los establecimientos, de distintas dependencias (municipales, particulares subvencionados y particulares pagados) han tenido que lidiar con las vicisitudes siempre presentes en las comunidades educativas, además de tener el desafío de acotar la modalidad presencial a una modalidad remota, entregando textos de estudio, guías, vía plataformas de interacción o correo electrónico. Esto, sin duda, dejó al descubierto, como quien tira una manta para atrás, o recoge de golpe un velo que cubre un espacio, como las desigualdades respecto a las oportunidades y accesos son monstruosas.
Por un lado, es observable, como en el mundo educacional particular pagado, con gran desafío y trabajo en equipo, logran instalar mediante la vía online, clases y evaluaciones, siempre existiendo presión y preocupaciones de padres y apoderados, inundados por la incertidumbre de la incerteza tan presente y sin precedente alguno.
La incertidumbre se relaciona con el devenir del año escolar, la promoción, la pérdida y el aprendizaje. También se encuentra presente el factor económico, ya que esta pandemia ha mermado la situación económica familiar y por ello surgen conflictos por el pago de las mensualidades escolares, entre otros. Sin embargo, se observan otras variables muy positivas como es el acceso a la tecnología, a internet, a espacios de estudio dentro los hogares y en ocasiones la posibilidad de contar con un adulto que los apoye para poder llevar el ritmo escolar en el interior del hogar, sin lugar a dudas el mayor de los desafíos.
Lo antes descrito varía en distintos matices y características, de acuerdo a las posibilidades existentes entre los estudiantes y sus familias, vemos como hay hogares donde la tecnología no ha sido accesible, ni tampoco internet, o de apoyos que puedan guiar a los distintos tipos de estudiantes. Es aquí donde las brechas existentes respecto a la desigualdad de recursos y accesos nos asola y nos remece. Desde este punto de vista hay estudiantes que desde octubre hasta la fecha (ocho meses) no han tenido clases, ni los apoyos necesarios para fortalecer sus necesidades de desarrollo cognitivo, social y cultural.
Bajo este escenario me parece especialmente preocupante ese grupo de estudiantes pequeños que este año debían consolidar la lectoescritura, o aquellos estudiantes de cuarto medio que este año rinden PSU de transición 2021, o quizás lo más doloroso o preocupante, aquellos estudiantes que este año se habían dado su última posibilidad de continuar su escolaridad. Este escenario los conduce a la deserción escolar, el gran temor de quienes valoran los aprendizajes y el conocimiento para el ejercicio de la vida ciudadana.
Aún queda tiempo de confinamiento, aún debemos escuchar los pronunciamientos del Ministerio de Educación, que hoy desemboca en una priorización curricular, salvaguardando los objetivos de aprendizaje imprescindibles para este año en curso, lo cual les permitirá tomar decisiones respecto de cómo será el término del año escolar para los estudiantes chilenos.
Como reflexión final, creo que debemos centrarnos en lo medular y esencial: tener estrategias para actuar en contingencia. Desde ya, está claro que los establecimientos y sostenedores han tenido posibilidad de conocer las necesidades requeridas para implementar dichas estrategias. Este desafío es de toda la comunidad, autoridades, actores técnicos y públicos. Gabriela Mistral señaló: "Si no realizamos la igualdad y la cultura dentro de la escuela, ¿dónde podrán exigirse estas cosas?".
** Las palabras vertidas en esta columna no representan necesariamente la opinión de este medio.
PURANOTICIA