El ex titular de la cartera de Educación catalogó como "gravísimo" el incidente vivido por la secretaria de Estado en la Universidad Austral. Además, abordó la crisis de violencia en el sistema escolar.
Como un acto "gravísimo" catalogó la reciente agresión padecida por la ministra de Ciencia, Ximena Lincolao, al interior de la Universidad Austral, el extitular de la cartera de Educación, Raúl Figueroa. La exautoridad alertó que este tipo de situaciones no constituyen casos aislados, sino que responden a una metodología específica del quehacer político.
Durante una conversación con radio Infinita, el exsecretario de Estado trazó un paralelo directo entre los incidentes registrados en Valdivia y la crisis social. "No es muy distinto a lo que vimos en octubre de 2019. La única diferencia es que en octubre de 2019 se vio a una enorme escala", argumentó al analizar la violencia política.
Al profundizar sobre el altercado en el recinto de educación superior, Figueroa sostuvo que la situación "es un hecho de violencia política donde grupos, en este caso ya adultos, tienen una clara intención de silenciar y deslegitimar lo que legítimamente tiene el poder".
En esa misma línea, enfatizó la necesidad de aplicar sanciones concretas contra los responsables. Según su visión, debe existir "castigo, porque es una actitud ilegítima, ilegal, constitutiva de delito. Si no hay castigo, la condena verbal pasa a ser poco relevante".
El rol del rector de la Universidad Austral también fue objeto de análisis. Para el exministro, quien recibe a una autoridad asume deberes ineludibles: "Hay una obligación de quienes invitan a la ministra no solo de resguardarla físicamente, sino de asegurar que en la universidad ocurra lo que se espera: respeto, diálogo e intercambio fluido de opiniones".
Ampliando la mirada más allá del episodio que afectó a Lincolao, la exautoridad apuntó hacia la compleja realidad que atraviesan los recintos escolares. Al respecto, expuso cifras alarmantes del sector, recordando que "cuatro de cada diez docentes han sido agredidos por estudiantes, y los casos de violencia entre pares van en aumento".
Frente a la estrategia gubernamental denominada plan "Escuelas Protegidas" —la cual contempla dotar a los docentes de mayores herramientas disciplinarias, prohibir el uso de capuchas y revisar mochilas—, Figueroa reconoció el valor de la medida, aunque la tildó de claramente insuficiente. "Reducir el debate solo al control de mochilas sería un error político y un error técnico", precisó.
Para explicar la propagación de estas conductas en las aulas, el exjefe de la cartera educativa entregó su diagnóstico: "Cuando existen hechos de violencia fuerte que empiezan a replicarse, es porque jóvenes que ya se sienten que no pertenecen y que tienen pocas herramientas de reacción, encuentran en esos actos una especie de modelo".
Finalmente, atribuyó parte de este fenómeno a una validación cultural de la agresividad surgida tras octubre de 2019. "Estamos viendo en parte las consecuencias de haber legitimado esa violencia. Culturalmente se instaló como un mecanismo legítimo de solución de conflictos y no podemos pretender que eso se resuelva de un día para otro", concluyó.
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