Los jefes comunales de Independencia y Ñuñoa advirtieron en una carta que los consensos políticos son insuficientes si no cambian la vida cotidiana de las personas, llamando a evaluar la democracia por la ejecución y sus resultados medibles.
Con el título "Nos piden soluciones", los alcaldes Agustín Iglesias (Independencia) y Sebastián Sichel (Ñuñoa) publicaron este martes una carta en El Mercurio, en la que hacen un llamado a la clase política a superar los acuerdos formales y avanzar hacia una gestión enfocada en resultados concretos y medibles.
Ambos jefes comunales valoraron la propuesta planteada el domingo por los alcaldes Jaime Bellolio (Providencia) y Tomás Vodanovic (Maipú), quienes llamaron a recuperar un diálogo fraterno y avanzar en la construcción de políticas de Estado. Sin embargo, Iglesias y Sichel consideran que ese diagnóstico resulta “insuficiente”.
"Sería un error pensar que la crisis de nuestra democracia se explica principalmente por la forma en que conversamos y que, recuperando el buen trato y la capacidad de llegar a acuerdos, comenzaremos a resolverla", señalan las autoridades.
El eje central de la carta apunta a que la política ha tendido a medir su éxito por la capacidad de alcanzar acuerdos, pero no necesariamente por convertirlos en soluciones concretas para la ciudadanía.
"Para un ciudadano la diferencia es evidente: un acuerdo que no cambia nada en su vida termina siendo otra promesa incumplida", afirman Iglesias y Sichel.
Desde su experiencia al frente de municipios, ambos alcaldes sostienen que la legitimidad de las instituciones está directamente relacionada con su capacidad para funcionar y resolver los problemas de las personas.
"Quienes somos alcaldes vemos esa distancia todos los días. Las personas no llegan al municipio preguntando si existe consenso sobre seguridad, vivienda o salud. Llegan porque tienen un problema y esperan que alguien sea capaz de resolverlo", postulan.
En la misiva, los alcaldes también relacionan la recuperación de la confianza ciudadana con la existencia de consecuencias claras frente a la corrupción y los abusos, además del cumplimiento efectivo de los compromisos que asumen las autoridades.
"Debemos tener cuidado con una política demasiado satisfecha consigo misma, en el claroscuro del aplauso de la elite y la indiferencia del resto. Podemos conseguir grandes acuerdos entre dirigentes y tener una ciudadanía que siente que nadie escucha sus problemas", advierten.
En ese sentido, plantean la necesidad de cambiar el foco desde la celebración de los acuerdos hacia la ejecución y evaluación de sus resultados, poniendo como prioridad el impacto que las decisiones tienen en la vida cotidiana de las personas.
"Chile necesita acuerdos, diálogo y mejor política. Pero el acuerdo es un instrumento, no un resultado. Durante décadas celebramos una democracia capaz de alcanzar acuerdos. Llegó el momento de exigir también una democracia de los resultados: que ponerse de acuerdo no sea el final de la noticia, sino el comienzo. Después hay que ejecutar, medir y demostrar que la vida de las personas mejoró".
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