Ambos gobiernos firmaron un acuerdo estratégico orientado a movilizar capital público y privado para modernizar ferrocarriles, puertos y la red digital argentina, además de potenciar yacimientos clave como Vaca Muerta y fortalecer las cadenas de suministro bilaterales.
Los Gobiernos de Estados Unidos y Argentina activaron el Corredor Andes-Atlántico, un acuerdo destinado a modernizar las infraestructuras que conectan las principales zonas productivas argentinas con los puertos del Atlántico y los mercados occidentales.
El acuerdo fue firmado por el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, y el ministro de Exteriores argentino, Pablo Quirno.
Tras un encuentro bilateral celebrado en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York, las partes informaron de que la iniciativa pretende canalizar capital público y privado hacia proyectos de largo plazo en materia de transporte, energía, minería e infraestructura digital, al tiempo que busca consolidar las cadenas de suministro consideradas estratégicas para ambos países.
En particular, el esquema apunta a facilitar la salida al exterior de recursos argentinos como minerales críticos, petróleo y gas, mediante nuevas inversiones en ferrocarriles, vías navegables, puertos, oleoductos y redes de generación y transmisión eléctrica.
Estas inversiones estarán acompañadas, según el acuerdo, por tecnologías consideradas confiables, orientadas a mejorar el rendimiento de las infraestructuras y reforzar su ciberseguridad.
La cooperación prevista en el marco del corredor se estructura alrededor de cuatro grandes ámbitos.
En transporte, ambos países pretenden determinar cuáles son las actuaciones prioritarias para recuperar, ampliar y modernizar ferrocarriles, rutas fluviales y puertos. El proyecto contempla, además, la participación de compañías estadounidenses tanto mediante concursos públicos como a través de subcontrataciones.
En lo que respecta a la energía, la iniciativa apunta especialmente al desarrollo comercial de los recursos del yacimiento de Vaca Muerta mediante inversión, tecnología e instrumentos financieros estadounidenses, incluidos préstamos directos, garantías crediticias y productos de seguros destinados a facilitar la llegada de capital, maquinaria y empresas de servicios estadounidenses.
El tercer eje corresponde a los minerales críticos. Al amparo de este acuerdo, Washington y Buenos Aires buscarán oportunidades específicas en esta materia para respaldar las actividades de extracción y procesamiento, con la finalidad de avanzar en los compromisos destinados a asegurar el abastecimiento de estos recursos y ampliar la diversificación de las cadenas de suministro internacionales.
La cuarta vertiente será la infraestructura digital. Los dos Gobiernos plantean fomentar el empleo de tecnologías consideradas confiables y cooperar en la protección de las plataformas y equipos utilizados para las inspecciones aduaneras, siempre conforme a lo establecido en el Acuerdo de Comercio e Inversión Recíprocos entre ambos países.
A fin de respaldar estas actuaciones, Washington podrá movilizar instrumentos de financiación, desarrollo y asistencia técnica a través de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos (DFC), el Banco de Exportación e Importación de Estados Unidos (EXIM) y la Agencia de Comercio y Desarrollo de Estados Unidos (USTDA). El sector privado aparece también como una de las fuentes potenciales de apoyo al corredor.
Por su parte, Argentina plantea seguir trabajando en el fortalecimiento de su marco jurídico y regulatorio y en las garantías ofrecidas a los inversores extranjeros. Entre las condiciones señaladas en el documento figuran reglas transparentes, previsibles y eficaces para las concesiones de infraestructura, con el propósito de favorecer la entrada de capital internacional, así como la participación de compañías y entidades financieras estadounidenses.
Las dos partes han situado el nuevo corredor dentro de una estrategia más amplia para estrechar sus relaciones bilaterales mediante un aumento de la inversión estadounidense, una cooperación más estrecha en materia de seguridad y la defensa de valores compartidos.
El Corredor Andes-Atlántico se integra asimismo en la Asociación del G7 para la Infraestructura y la Inversión Global. La iniciativa sigue la línea de otros corredores económicos promovidos o respaldados por Estados Unidos con el objetivo de reforzar cadenas de suministro estratégicas y generar oportunidades comerciales para empresas estadounidenses.
PURANOTICIA