Este domingo a las 21:30 horas en la Quinta Vergara se dará el vamos a una nueva versión del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar. El certamen latino más importante del mundo, el más tradicional, el más grande y cuya meta para este 2026 será lograr liderar la audiencia televisiva, porque de no hacerlo, el negocio se pone en riesgo.
El Festival de Viña del Mar es un negocio millonario que le permite al municipio generar un monto de ingreso a sus arcas relevante. Acá los canales de televisión le pagan al municipio por usar la marca, producir el evento y, por su parte, como ente productor, la manera que tienen de recuperar esa inversión es, por un lado, la venta del ticket de entrada a la Quinta Vergara, y por otro, los auspicios de la transmisión televisiva, que, a mayor rating, mayor es el ingreso.
Para tener una idea, el Festival tiene un costo anual entre los 8.500 y 9.000 millones de pesos, algo así como 9 millones de dólares, incluyendo los dineros que van al municipio, que son un poco más de un tercio del total.
Un 50% de esto debe recuperarse en ticket de entradas, y el otro 50% debe venir de la publicidad, por eso es tan importante el rating televisivo que, además, enfrentará por primera vez al Festival con la nueva medición que se estrenó el 1 de abril del 2025. En palabras simples: el Festival de Viña nunca ha sido medido con este sistema de rating que hoy mueve al mercado televisivo chileno.
Por otro lado, este año 2026 el Festival enfrenta una cruda competencia: Julio César Rodríguez, emblemático conductor de Chilevisión, quien es además su encargado de programación, para este verano comenzó a gestar una serie de transmisiones de festivales a nivel país. Costos bajos y buenos ratings, negocio redondo. Incluso en muchos de estos eventos no gasta un peso, y hasta al canal le pagan, es decir, un negocio al revés de lo que es Viña del Mar para la señal televisiva.
Junto con aquello, Chilevisión programó un Festival de la Comedia, que irá en vivo cada noche, enfrentando al certamen viñamarino, con solo humoristas. Justamente es acá donde en Viña se generan los peaks de audiencia, y podría ser letal para un certamen viñamarino cuya apuesta programática diaria es más de nichos específicos que de un público masivo como es el humor.
Viña 2026 enfrenta un nuevo sistema de medición en rating, una dura competencia en pantalla como nunca antes y además que debe lograr seguir siendo primero, no solo en trayectoria, sino que competitivo en el mercado actual. No puede ser solo una marca, debe lograr ser un negocio. Para la ciudad, para el canal, para los productores y para Chile. Una compleja tarea que esperamos logre el éxito en un mundo donde los hábitos de consumo, e incluso en la televisión, cambian verano tras verano y donde la competencia nos obliga a superarnos año tras año.