Miles de adultos mayores, niños, jóvenes y trabajadores utilizamos las micros a diario. Todos los días las necesitamos para llegar a nuestros colegios, universidades, trabajos u hospitales; la micro es parte fundamental de nuestra cotidianidad. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, subir a una de ellas en el Gran Valparaíso se ha convertido en una verdadera ruleta rusa.
Hoy las micros cobran vidas de niños, se incrustan en nuestras casas y protagonizan verdaderas carreras por nuestras angostas calles. Ya no se trata solo del consumo de drogas entre los conductores: se han transformado en un enemigo letal.
La escasa fiscalización por parte del Ministerio de Transportes, sumada al deficiente sistema actual, nos coloca en una situación extrema sin una solución a la vista. La licitación de los validadores está en jaque y, aunque llevamos años escuchando que tendremos buses eléctricos y un transporte de mejor calidad, lo cierto es que estamos muy lejos de lograrlo.
El sistema actual es deficiente, malo y de pésima calidad. Lo sucedido en Placilla con la línea 902 en la Ruta 68 es solo una demostración más de cómo arriesgamos la vida día a día.
Los vecinos de Placilla están desesperados: ‘’Tenemos miedo a que haya un accidente, porque no hay mantención y nadie regula ni fiscaliza esto’’. Asimismo, se cuestionan: ‘’¿Quién fiscaliza? ¿Quién nos da la seguridad de subirnos a las micros, indistintamente de si es la 902, la 901 o la 903?’’.
Es urgente que alguien se haga cargo. Es evidente que la Seremi de Transportes no da abasto y, además, las decisiones sobre nuevas licitaciones se toman desde Santiago. Quienes deciden no conocen el territorio. ¿Acaso no recuerdan la micro eléctrica que quedó atrapada en un cerro de Valparaíso?
Hoy debemos ocuparnos más que nunca de encontrar una salida viable que nos devuelva la tranquilidad al desplazarnos a nuestros destinos. Las micros son una ruleta rusa: no sabemos si llegaremos, si pasarán a cierta hora o si el chofer conduce bajo los efectos de alguna sustancia. No tenemos seguridad de ningún tipo.
Si hoy existe un verdadero problema endémico en el Gran Valparaíso, es el transporte público, que de ‘’público’’ solo tiene la subvención estatal. Lo único público que funciona es el Metro, y lo que nos da tranquilidad es el Metro Bus; todo lo demás es simplemente un desastre del cual nadie se hace cargo.