Era completamente inevitable. Mara Sedini y Trinidad Steinert, con o sin querer, hicieron de todo para convertirse en las ministras con el menor tiempo en su puesto: tan solo 69 días. Aunque, para ser justos, Fernando Echeverría duró tan solo 3 días el año 2011, en el primer gobierno de Piñera; Mauricio Rojas duró 4 días el 2018 al mando del Ministerio de las Culturas, y Macarena Santelices, tan solo 35 días como ministra de la Mujer.
El sentido común nos hacía creer que debían salir, pero nos sorprendimos cuando se hizo. Quizás fue una de las pocas estrategias políticas y comunicacionales bien logradas en estos 70 días de gobierno, ocurrida un día antes de la discusión en la Cámara de Diputados. Se acostaron derrotados con el cambio de ministros y despertaron triunfantes, ganándole a la oposición en el Congreso.
Pero no solo se necesitaba un cambio en el gabinete; es urgente entender que se debe cambiar el relato comunicacional. El problema de fondo de la exvocera de gobierno no era ella; era su contenido. Cuando se cayó Sedini, habló Kast y era lo mismo. Qué más parecido a Sedini fue el presidente cuando puso en el tapete el concepto ‘’metáfora’’. Acá nos damos cuenta de que el libreto es el malo, no quien lo ejecuta.
El presidente insiste en ocupar el término emergencia; sin embargo, dice que los resultados de los cambios demoran y que no son de un día para otro. Esto no tiene sentido. Si realmente estamos en emergencia, como dice José Antonio Kast, debemos esperar cambios rápidos, urgentes. No podemos enfrentar una emergencia con lentitud, es un contrasentido.
Es tan contradictorio el relato que busca instaurar el mandatario y su gobierno que pasa lo mismo con el concepto de ‘’ajuste fiscal’’. Se dijo que Chile estaba quebrado, que Boric nos dejó sin plata, que el Estado está sin recursos. Pero, por otro lado, se busca rebajar los impuestos y, por ende, como país recaudaremos menos, es decir, recibiremos menos plata. Todos los actores relevantes, como el Consejo Fiscal Autónomo o el Fondo Monetario Internacional, opinan lo mismo: la rebaja de impuestos no asegura una menor recaudación y tampoco garantiza crecimiento ni mayor empleabilidad.
El gobierno debe con urgencia cambiar el discurso o bien la actitud. O asumimos que estamos en emergencia y producimos cambios de inmediato, o bien, asumimos que los resultados tardan en verse y que simplemente queremos un cambio de timón en la manera de conducir un Estado. Pero no generemos una sensación de emergencia cuando la única verdadera urgencia la parece tener el propio mandatario, quien ni siquiera ha sido capaz de mostrar un plan certero de seguridad, por ejemplo.
Sedini y Steinert salen del campo de juego porque no tuvieron las herramientas para jugar. Mientras la vocera tuvo un mal guion, la exfiscal no tuvo un plan que ofrecer y tampoco fue capaz de diseñarlo. Ahora Alvarado seguirá administrando el mismo guion y será Arrau quien se ponga a trabajar en el diseño de una estrategia que no existe, que nunca existió y, que solo eran ideas al viento. En el fondo, la emergencia la tiene el gobierno, no la tiene Chile. Ya cambiamos el gabinete, ahora falta el relato. Esperamos la capacidad para hacerlo, por el bien de Chile y para que nuestro presidente no se transforme en un mandatario metáfora, en un presidente promesa; sino que logre cumplir las gigantescas expectativas que sus votantes se hicieron de él.