El liderazgo en nuestra región de Valparaíso no solo recae en la máxima autoridad elegida por elección popular como es el gobernador regional, ni tampoco en el delegado presidencial que representa los intereses del gobierno de turno; sino que recae también en cada actor que interactúa día a día en nuestras 38 comunas: desde alcaldes, concejales y parlamentarios, y, sobre todo, en nosotros los medios de comunicación.
Va a ser muy complejo que todos los actores se pongan de acuerdo en priorizar qué debemos tener o no de cara al 2030, pero existe un parámetro que todos deberíamos empujar. Partamos con la basura. Aquí radica una de las mayores problemáticas que vamos a enfrentar. No tenemos ninguna seguridad de dónde vamos a botar nuestros residuos domiciliarios y vemos poca claridad en los planes a corto plazo, considerando que tenemos colapsados los principales vertederos regionales.
Otro punto, tiene que ver con la locomoción colectiva. La alta necesidad de renovar el parque automotriz se suma a que no existe ninguna certeza de que vayamos a contar con el personal humano que se haga cargo de operar las prometidas nuevas micros eléctricas. Además de aquello, no está en planes generar una segunda zona de exclusión que sume a la provincia de Quillota, un sector donde el costo del traslado por kilómetro triplica al del Gran Valparaíso. Esto genera una brecha abismante de acceso al transporte público dentro de una misma zona.
Si bien el esperado recorrido desde Limache a La Calera del metro regional debería favorecer el traslado desde el interior a la costa, este debe ir acompañado de una estricta supervisión al proyecto para que no genere ningún tipo de retraso en una obra que llevamos 30 años esperando y que nos prometieron que en el 2030 la tendríamos operando.
En el mismo tema, en menos de 24 meses debemos tener definido si tendremos tren rápido o no a Santiago. También urge tener habilitado el tramo de línea férrea desde el puerto terrestre de Los Andes con la vía que nos une con Quintero y Valparaíso, junto con garantizar una mejor conectividad con el puerto de San Antonio.
En esta última materia, serán el Gobierno y las nuevas directivas de las empresas portuarias quienes nos sinceren qué pasará con la anhelada expansión de los puertos de San Antonio y Valparaíso. Ambas no se pueden hacer. Necesitamos aquí que se nos aclare el panorama y se nos deje de vender sueños que no se concretan.
Y si de respuestas y garantías se trata, el proyecto del Aeropuerto de Concón es clave. El anuncio del ‘’encajonamiento’’ que realizó el gobernador Mundaca, según lo que le habría explicado el entonces ministro Arrau en la cartera de Obras Públicas, no es algo menor. Hoy necesitamos la certeza de que estarán los recursos para su materialización.
En resumen, más choferes para garantizar el éxito de la licitación del transporte, aumentar la zona de exclusión, claridad sobre dónde botaremos nuestra basura, asegurarnos de que no existan retrasos en el metro a La Calera, determinar el trazado del tren rápido y transparentar si será San Antonio o Valparaíso el puerto a expandir.
Con estas prioridades, el 2030 sería un año en el que nuestra región podrá ser mirada de forma distinta y dejará de vivir ese estancamiento que actualmente nos abruma, donde tenemos muchas ideas, muchos sueños, pero pocas certezas. Priorizar es clave para tener una buena prospectiva regional.