“No hay tiempo que perder (…) Este gobierno no va a mirar al costado, va a recuperar el control del territorio, del orden público y de nuestras fronteras. Les presento a nuestra ministra de Seguridad: Trinidad Steinert Herrera’’, con estas palabras, el presidente de la República, José Antonio Kast, nos presentaba quizás al nombre más esperado del gabinete. Fue durante casi todo un año en que lo único que instalaba sobre la mesa el entonces candidato era justamente la seguridad.
En sus bien estructuradas conferencias de prensa en la denominada “Ope”, y al fiel estilo propagandístico del partido Republicano, se lanzó incluso el “Plan Implacable”, una propuesta para endurecer el combate al crimen organizado, facultar a las policías y devolver la seguridad a los chilenos.
Pero lo concreto es que, a dos meses de haber asumido el cargo, su ministra muestra más inseguridades que certezas. La sumatoria de errores cometidos muestra que ella tiene un problema grave no solo de lectura, sino de comprensión sobre de qué trata su rol.
“Mientras el gobierno pasado salía a balazos de Temucuicui, la ministra Steinert salió con 5 detenidos”, es la mejor muestra de que no existe capacidad para entender el rol del ministro o ministra de seguridad. Esta autoridad no es un superhéroe, no es un sheriff y menos un fiscal. La máxima autoridad de este gabinete debe ser un coordinador de seguridad del país, y desarrollar planes y estrategias en la materia. Lo que falta acá es justamente aquello.
¿Dónde está el plan de seguridad? Si uno ve la información oficial del Gobierno sobre la presentación que hizo la ministra en el Parlamento, donde, literalmente, nadie entendió porque no supo leerla, se habla de tres ejes: recuperación del control territorial; aumento de la eficacia policial y del sistema de persecución criminal; y fortalecimiento institucional.
Pero ¿cómo se hace eso? Con policías, con Carabineros, con capital humano. ¿Lo tenemos?
La muerte de una carabinera en Coquimbo durante la jornada de este viernes, aparentemente por haberse suicidado, revela una dura realidad de nuestros ‘’hombres de verde’’: nadie quiere enrolarse en las filas. Es poco atractivo. No es valorado. ¿Cómo deberíamos empezar a abordar esto?
El discurso que leyó la ministra en el Parlamento nos muestra en el papel una serie de medidas que hablan del control de fronteras, de rutas, de las calles, de las cárceles y de los puertos. Nos habla de análisis criminal, etc. Pero para todo aquello se requiere capital humano. Debemos partir por ahí.
Pero ¿lo sabe la ministra?, ¿es capaz de darse cuenta?, ¿nos da seguridad de que sabe lo que está haciendo?, ¿qué nos pasa cuando la vemos?, ¿no será que la ministra nos da más inseguridad que otra cosa?
No se trata de menospreciar a una autoridad, ni mucho menos denostarla, pero acá, a todas luces, no hay altura para el cargo. Ella no da seguridad. Y eso no es una metáfora.