El actual escenario del transporte público del Gran Valparaíso está para escribir un guion de película. Por años hemos visto a protagonistas ser parte de una verdadera cofradía. Un puñado de empresarios que maneja a un puñado de dirigentes, que al mismo tiempo se reúnen con otro puñado de personal del Ministerio de turno, y que en resumen consiguen siempre la misma tarea: mantener todo igual, que nada cambie.
Tenemos hace años a los mismos empresarios. Cuando vemos luces de que nuevos actores entrarán al mercado como lo fue la disolución de Fenur en el interior de la región, lo cierto que solo sirvió para aumentar la cofradía de quien podría situarse como el Padrino de la región a lo que transporte se refiere.
El manojo de empresarios del transporte ha logrado hacer lo que quiere en la región hace años. Se opone a los validadores electrónicos, trata de pasar por alto procesos licitatorios y siempre logra zafar de las pobres fiscalizaciones de la Seremi.
No es primera vez que se ocupa la amenaza de la paralización para conseguir el objetivo que buscan. Esta cofradía de empresarios no solo logra manejar a las autoridades, sino que también domina el rubro de los sindicalizados trabajadores. No es un misterio a quién responden algunos dirigentes que se transforman en verdaderos brazos armados del mismo Padrino, El Irlandés o el Scarface de la locomoción colectiva.
En el fondo estamos frente de una verdadera mafia que recuerda inclusive el pasado de los empresarios de las micros amarillas de Santiago, que hacían lo que querían. Por eso es tan relevante que el Gobierno entrante logre ponerle atajo a esta situación.
Este gobierno que termina vio el sillón del Seremi de Transporte como un cuoteo político más. Puso ahí no solo a quien no debía estar, sino que transformó el cargo en un premio de consuelo. Es irritante que un asado terminará por pesar más que la incompetencia e incapacidad de la última autoridad. Para que hablar del actual. Simplemente, sin comentarios.
Mientras no tengamos en la Seremi de Transporte en la región una persona técnicamente capacitada, acompañada de un brazo político firme y sin temor, al estilo que fue Germán Correa, por ejemplo, en los tiempos de las micros amarillas. Cuando los dirigentes de los choferes y trabajadores de la locomoción colectiva no le respondan a los empresarios, sino que a sus propios sindicalizados, y cuando lleguen verdaderos empresarios y no líderes de carteles de las micros a ser parte de la operatividad diaria, terminaremos con nuestros problemas en las micros.
Drogas en choferes, carreras sin control en las calles, son solo parte del problema cuyo principal punto de partida para erradicar este mal sistema, es terminar con la cofradía. Cuando le digamos hasta pronto al Padrino, al Irlandés y a Scarface todo esto terminará. Por ahora, seguiremos atrapados por la mafía del transporte. Esperemos que la licitación tan anunciada logre hacer desaparecer a quienes han lucrado de mala manera con un nefasto sistema de transporte regional. Aunque la culpa en este caso no es del chancho, sino de quien les ha dado el afrecho, en este caso el Gobierno y el Estado. Ni derechas ni izquierdas han sido capaces de ponerle el cascabel a este gato.