Los colegios públicos son, hoy en día, una verdadera tómbola para padres, apoderados, niñas y niños. No sabemos con certeza cuál es la fórmula ganadora, la exitosa, aquella que pueda transformar la educación de nuestros niños en un ejemplo a seguir y que les entregue resultados óptimos; un espacio donde los niños quieran ir al colegio, donde se respete al profesor y que, en el fondo, constituya un buen modelo.
Cuando vimos el traspaso de la educación municipal a los famosos SLEP, nos quedó la sensación de que se cambiaba una manzana por otra. No iba a haber un cambio notorio y así fue. Un informe de la Contraloría reveló que, por ejemplo, en el SLEP de Valparaíso —que tiene 66 establecimientos a su cargo— siguen existiendo los mismos problemas y vicios que había cuando la Corporación Municipal tenía la tarea de ser la sostenedora de los colegios y liceos.
Nuevamente estamos ad portas de un complejo escenario financiero. Su nuevo director ejecutivo reconoce que fallaron los controles financieros, pero en lo que respecta a la educación, seguimos con la misma estructura deficiente: colegios en un estado que no es el óptimo y una matrícula que sigue bajando, sin considerar el ausentismo escolar en este tipo de establecimientos.
Sin embargo, existen pequeños lunares o excepciones. A nivel nacional y regional, varios establecimientos administrados por los Servicios Locales de Educación Pública (SLEP) han logrado un reconocimiento destacado en mediciones como la PAES, el SIMCE y el Sistema Nacional de Evaluación de Desempeño (SNED), convirtiéndose en referentes de la nueva educación pública chilena.
Por ejemplo, vale destacar al Liceo Bicentenario de Coronel, que como un hito histórico logró conseguir dos puntajes máximos de mil puntos en la prueba de Matemática, además de registrar que el 85 % de sus alumnos hoy continúa de manera exitosa su formación en universidades y centros de formación técnica.
En Los Andes, por ejemplo, su SLEP registró 17 liceos y escuelas públicas de su territorio distinguidas simultáneamente con la máxima categoría del SNED, demostrando consistencia en los aprendizajes rurales y urbanos de la provincia.
¿Por qué unos sí y otros no? La respuesta es el capital humano y el compromiso de las familias. En nuestro país, los llamados ‘’buenos profesores’’ están fuertemente vinculados a la Ley de Carrera Docente (Ley N.º 20.903). Este sistema premia el buen desempeño, los años de experiencia y la formación continua a través de evaluaciones, permitiendo que un docente destacado aumente considerablemente sus ingresos a lo largo del tiempo. Un buen profesor se nota y el resultado está a la vista.
Sumado a eso viene el compromiso de la comunidad escolar, conformada por familias, padres y apoderados comprometidos con el proceso educativo. En Valparaíso tenemos un modelo a seguir: la llamada escuela básica Piloto Pardo es un ejemplo de aquello. Cuenta con matrícula completa, exitosos resultados y pertenece al mismo SLEP al que, de verdad, le cuesta mucho destacar.
El capital humano es fundamental a la hora de dirigir un colegio o liceo, y es aquí donde se debe poner un énfasis distinto. Buenos profesores, sumados a padres preocupados, nos darán como ecuación perfecta buenos alumnos y futuros profesionales. Cuidemos a nuestros profesores y destaquemos a los mejores.