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Editorial: El meollo en la crisis de locomoción colectiva del Gran Valparaíso: falta del recurso humano

Editorial: El meollo en la crisis de locomoción colectiva del Gran Valparaíso: falta del recurso humano

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Editorial: El meollo en la crisis de locomoción colectiva del Gran Valparaíso: falta del recurso humano
Miércoles 29 de julio de 2026 18:54
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No se trata de buses eléctricos, tampoco de la instalación de validadores y menos de una licitación insuficiente. Tenemos un problema estructural en el Gran Valparaíso que, de no enfrentarlo y asumirlo, llevará todos los esfuerzos a un rotundo fracaso: nos faltan conductores.

Las comunas de Valparaíso, Viña del Mar, Concón, Quilpué y Villa Alemana conforman el denominado Gran Valparaíso de la locomoción colectiva subsidiada por el Estado. Este servicio es paupérrimo: micros en mal estado, exceso de velocidad y precariedad laboral para sus conductores. A esto se suma una pésima fiscalización por parte de la autoridad y un centralismo que no entiende cómo funcionan nuestras comunas ni cuál es el meollo de una crisis que llevamos años sin resolver.

Nuestra región es la más atrasada en la incorporación de tecnología al transporte público. No hemos sido capaces de implementar un sistema que vaya a la par con Santiago, ni menos hacerle sombra a ciudades como Copiapó, Chillán, Concepción o inclusive La Serena, que cuentan con sistemas robustos. Si en nuestra región no existiera el servicio troncal del Tren Limache-Puerto operado por EFE, sumado a sus líneas de buses integrados Bus+Metro, la verdad es que viviríamos un colapso de proporciones.

El diagnóstico es por todos conocido. No hay micros después de cierta hora para volver a casa y, en las mañanas, es un sacrificio para nuestros estudiantes llegar a destino. A esto se suma una serie de problemas de consumo de drogas entre los conductores, quienes viven una precariedad laboral vergonzosa que no ha sido solucionada y que hoy nos tiene con una merma de más de 6 mil choferes solo en las comunas concesionadas; esto, sin llegar a detectar siquiera cuál es la problemática en las provincias de San Antonio, Quillota, San Felipe, Los Andes y Petorca.

La voz de alerta es que estamos perdiendo recursos del Estado. Pagamos subsidios con dinero de todos los chilenos a empresarios que muchas veces tienen sus máquinas guardadas en las garitas, tal como expone Óscar Cantero, histórico dirigente de los micreros y choferes, quien además, como buen conocedor del sistema, entrega la preocupante cifra del déficit de 6 mil conductores.

La inercia de nuestras autoridades lo único que provocará es que el sistema no se arregle. Los validadores ya no son del agrado de empresarios ni choferes porque no hay claridad sobre el reparto del dinero, ni tampoco sobre cómo mejorará la calidad de vida laboral de los conductores. Acá es urgente garantizar un sueldo base por horas de manejo o por rutas recorridas; no podemos seguir con el concepto de remuneración mixta basada en el corte de boleto, pues esta fórmula nos tiene sumidos en un sistema donde los pasajeros corren peligro día a día.

Si bien la cifra de mil micros en garitas por falta de estos 6 mil conductores parece un baño de realidad duro de asumir, también les abre a las autoridades una oportunidad para enfrentar la crisis del transporte desde sus cimientos. Si no mejoramos las condiciones laborales no habrán choferes y, por ende, no tendremos frecuencia en las calles. Si hoy tenemos buses en garitas, mañana serán los buses eléctricos los que quedarán estacionados. Hoy ya pasa en el servicio de Curauma y Placilla que opera la empresa Trolebús, donde no tenemos todas las micros eléctricas funcionando al cien por ciento: mientras unas circulan, otras se cargan, por lo cual no se cumple el objetivo final.

La crisis del transporte se soluciona con capital humano. Un problema que, de no resolverse, nos mantendrá como la región con la locomoción colectiva más paupérrima del país.