Los gremios empresariales y los grandes empresarios respaldan fuertemente la figura y gestión de José Antonio Kast. Esto se debe a la agenda alineada del Gobierno, la cual va en sintonía con sus intereses corporativos y el libre mercado. Cuando se critica al Gobierno de Kast, sobre todo en materia económica, a estos sectores les molesta y les genera resistencia. Lo anterior responde a que este gobierno ha promovido un plan económico transversal, muy valorado, por ejemplo, por la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC). Las críticas vertidas hacia la reducción del impuesto corporativo o la reintegración del sistema tributario son vistas por los grandes empresarios como un obstáculo para la reactivación y la inversión privada.
Pero ordenemos el cuadro. Primero, debemos reconocer que lo hecho por José Antonio Kast y el ministro Jorge Quiroz es acertado; que las medidas van por buen camino, aunque no veremos resultados en el corto plazo, sino más bien hacia fines de 2027 o quizás entre 2028 y 2029.
Segundo punto: tenemos un problema estructural en la cesantía. Es claro que esta afirmación es certera, y la mayor problemática radica en que la implementación de las 40 horas, el aumento del ingreso mínimo y la Ley Karin, entre otros factores, generaron una paralización en la contratación y encarecieron los costos. Sin embargo, a quien golpea esto con mayor fuerza es a las Pymes, no a las grandes empresas.
Si uno observa, por ejemplo, cómo cadenas como Jumbo o Líder (pertenecientes a Cencosud y Walmart, respectivamente) han reducido considerablemente su número de empleados en los últimos años —sobre todo al automatizar múltiples procesos, siendo el caso más significativo la ausencia de cajeros físicos—, la Pyme, en cambio, avanza más lento. Le cuesta mucho más lograr ese ahorro a escala.
Ya entendemos por qué los grandes empresarios están tranquilos; pero ahora falta la Pyme, y aquí es donde tenemos un problema mayor. El ministro Quiroz conoce de empresarios, pero no de microempresarios. Qué decir del biministro Daniel Mas: ocurre exactamente lo mismo.
El propio biministro señaló en la Comisión de Economía del Senado que las Pymes representan cerca del 47% de los puestos de trabajo del país, y advirtió que el ecosistema actual les impone serias dificultades estructurales: extensos plazos de pago, trabas para acceder al financiamiento, trámites de formalización engorrosos y un aumento brusco en su carga tributaria apenas superan cierto tamaño. Sin embargo, no hay nadie en este Gobierno de Kast que defienda a las Pymes, que las entienda y que conozca su realidad.
El gran empresariado está feliz con el Presidente y sus medidas, pero falta atender a quien realmente genera el empleo en Chile. Aquí hay una deuda pendiente y muy grande. La clave está en el Estatuto Pyme 2.0. Es fundamental comprender la importancia de contar con liquidez y financiamiento; debemos tener medidas concretas para aliviar la caja. Deben existir modelos distintos de garantías públicas, como el Fogape, y acceso a tasas diferenciadas. En el fondo, necesitamos que alguien en La Moneda entienda de Pymes. Ya entendieron a los grandes empresarios —por algo los ministros provienen de ese sector y por algo la CPC está contenta—; ahora faltan los chicos, los que generan el otro 50% del empleo. Pero para eso se debe entender cómo operan y qué les falta. Hay que ponerle calle al Gobierno y conectarlo con la realidad del microempresario. Vamos que se puede: sabemos que alguien en La Moneda podría estar escuchando.