La fiscalía regional reportó más de 51 toneladas decomisadas, un alza del 32%. La marihuana y la ketamina lideran las incautaciones en la zona.
En seis meses y medio, la región de Antofagasta ya incautó más droga que en todo 2025. El balance de la fiscalía regional contabiliza más de 51 toneladas decomisadas en lo que va del año, un 32% por sobre el total del año pasado, consolidando a la región como uno de los principales frentes de la lucha contra el narcotráfico en el país.
La cifra revela una tendencia sostenida: más de 266 kilos de droga son retirados de circulación cada día, resultado del trabajo investigativo del Ministerio Público junto a Carabineros, la Policía de Investigaciones, Aduanas y las demás instituciones del Estado.
El fiscal regional Juan Castro Bekios enmarcó estos resultados en una estrategia orientada a golpear de manera permanente las estructuras logísticas y económicas del crimen organizado.
“Cada incautación es un golpe directo a las organizaciones criminales, porque evita que millones de dosis lleguen a las calles y, al mismo tiempo, erosiona su capacidad financiera. Detrás de estas cifras hay un trabajo investigativo permanente, coordinado con las policías, para identificar sus rutas y desarticular sus operaciones”, señaló.
Según el análisis de la Fiscalía, la marihuana sigue siendo, por amplio margen, la principal droga incautada, al concentrar cerca del 85% de todo lo decomisado en el período, con un incremento del 332% respecto a la misma fecha del año anterior.
El dato confirma que Antofagasta continúa operando como corredor de grandes cargamentos provenientes de Bolivia, que luego se distribuyen al resto del país o se destinan a mercados internacionales.
Otro fenómeno que concentra la atención de los equipos investigativos es la ketamina. Esta droga sintética creció un 193% en igual comparación y aparece cada vez con más frecuencia en las causas por crimen organizado.
El clorhidrato de cocaína también subió, pero de forma más moderada, 60%, mientras que la pasta base cayó 38%, un retroceso que la Fiscalía asocia al desplazamiento hacia sustancias de mayor valor.
El patrón, para el Ministerio Público, es claro: las bandas criminales ya no dependen de las drogas tradicionales, sino que incorporan sustancias de mayor precio, menor volumen y creciente demanda, ampliando sus fuentes de financiamiento.
“La ketamina es una de las señales más claras de esta mutación. Es una droga sintética, de alto margen y bajo volumen, que se emplea para elaborar el llamado tusi, cuyo riesgo para la salud pública es serio, toda vez que su potencia y la adulteración con que llega al consumidor, la vuelven imprevisible y peligrosa”, advirtió el fiscal.
El análisis de la Fiscalía advierte, además, que las organizaciones criminales aumentaron su capacidad para movilizar grandes cargamentos e incorporaron nuevos métodos de ocultamiento, lo que obliga a las instituciones a ajustar de forma permanente sus estrategias de persecución penal.
“Hoy no solo decomisamos más droga, observamos organizaciones que evolucionan, que diversifican sus negocios y buscan nuevas formas de operar. Eso nos obliga a anticiparnos y atacar más allá del transporte de la droga, sino su estructura financiera y logística”, sostuvo Castro Bekios.
Para el fiscal, el fenómeno excede al decomiso y toca la integridad del propio Estado. “El narcotráfico no termina en la droga. Es la caja que financia la violencia, el lavado de activos y, tarde o temprano, la corrupción de las instituciones. Por eso perseguirlo es defender algo más profundo: la soberanía y la fe pública”, señaló.
Un ejemplo de estas adaptaciones son los grandes acopios ocultos en pleno desierto y el uso de camiones cisterna y aljibes para el traslado.
En abril de este año, la región registró la mayor incautación de drogas en una sola operación desde la entrada en vigencia de la Reforma Procesal Penal, con cerca de cinco toneladas de marihuana ocultas en un camión cisterna.
Castro Bekios apuntó que el desafío inmediato será sostener esa capacidad de detección ante la próxima puesta en marcha del Corredor Bioceánico Capricornio, una infraestructura de doble uso, cuyo enorme dinamismo puede beneficiar al comercio legítimo o, si no se anticipa, al crimen organizado.
“En poco menos de tres años hemos levantado un muro de control en la región e impedido que más de 117 toneladas de droga lleguen a destino: cerca de 740 mil millones de pesos, unos 800 millones de dólares, que el crimen organizado no recibió. No es una promesa, es un resultado, y el trabajo que lo hizo posible continúa”, concluyó.
(Imagen: Carabineros)
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