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Experto alerta sobre los riesgos de la alta turbiedad del agua potable tras las intensas precipitaciones en la región de Valparaíso

Experto alerta sobre los riesgos de la alta turbiedad del agua potable tras las intensas precipitaciones en la región de Valparaíso

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El investigador y docente de la UDD, Diego Rivera, advierte que el arrastre de sedimentos y contaminantes dificulta el proceso de potabilización en las plantas de tratamiento, haciendo un llamado a fortalecer la capacidad de almacenamiento y el rediseño urbano.

Experto alerta sobre los riesgos de la alta turbiedad del agua potable tras las intensas precipitaciones en la región de Valparaíso
Miércoles 22 de julio de 2026 15:00
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Las recientes e intensas precipitaciones, asociadas a los sucesivos sistemas frontales que han afectado a la región de Valparaíso y a distintas zonas del país, desde el norte hasta el sur, permitieron recuperar un volumen significativo de agua en cauces y embalses. Sin embargo, la tradicional imagen del "agua color chocolate" en los ríos volvió a encender las alertas sobre la seguridad del suministro y la capacidad de las actuales infraestructuras para enfrentar eventos extremos.

En conversación con Puranoticia.cl, Diego Rivera, docente e investigador del Centro de Investigación en Sustentabilidad y Gestión Estratégica de Recursos de la Universidad del Desarrollo (UDD), abordó la compleja relación entre la intensidad de las lluvias, la calidad del recurso hídrico y la capacidad de respuesta del sistema actual.

CALIDAD DEL AGUA

Según el especialista, la discusión pública suele concentrarse principalmente en la cantidad de agua disponible, dejando en segundo plano factores esenciales como la calidad, la oportunidad y el acceso al recurso hídrico.

Los recientes sistemas frontales se han caracterizado por su alta intensidad, duración y frecuencia, con precipitaciones concentradas en períodos acotados que generan una importante escorrentía en las cuencas.

Este fenómeno provoca que el agua arrastre tierra, vegetación y sedimentos, elementos responsables de la turbiedad visible en los cauces. Si bien este proceso forma parte del ciclo natural del agua y permite el transporte de nutrientes, el escenario cambia cuando se trata de cuencas intervenidas por actividades humanas, donde aumenta el riesgo de incorporar contaminantes.

"El sedimento no es inerte (...) no solamente se arrastran sedimentos, sino que también se podrían estar arrastrando contaminantes, como pesticidas, herbicidas u otros elementos", advirtió Rivera.

La principal preocupación radica en el impacto que esta mayor turbiedad puede tener sobre el proceso de producción de agua potable. Para explicar este desafío, el académico invitó a imaginar una muestra extraída directamente desde el cauce.

"Sacamos 3 litros y los dejamos ahí tranquilamente por 3 horas (...) nos vamos a encontrar que en la parte de abajo hay una serie de sedimentos y que el agua arriba está más clara. Esa agua más clara no significa que no esté con sedimentos, porque también hay cosas que están disueltas", detalló Rivera.

El especialista explicó que las plantas sanitarias deben separar físicamente esos sedimentos y las partículas presentes en el agua para que esta pueda ser apta para el consumo humano, una tarea que se vuelve mucho más exigente cuando el recurso llega con una alta carga de barro y residuos.

"Tratar de separar físicamente esos sedimentos (...) de tal manera que vayan pasando por los diferentes procesos hasta terminar en calidad de agua potable", explicó.

PLANTAS DE TRATAMIENTO

Frente a las dudas sobre si las plantas de tratamiento pueden procesar agua con niveles elevados de turbiedad, el académico explicó que el problema no radica en que el recurso deje de ser utilizable, sino en las dificultades técnicas que generan estos episodios para mantener la eficiencia habitual del proceso de potabilización.

Las plantas de tratamiento funcionan mediante la separación física de sólidos suspendidos y disueltos, pero están diseñadas para operar dentro de ciertos rangos máximos de concentración de sedimentos.

"El cambio de calidad debido a estos eventos no puede ser tratado con la misma eficiencia en las plantas de tratamiento como en las condiciones normales. Entonces, es una condición de seguridad de tal manera que el agua que se produce tenga esa condición", explicó el investigador de la UDD.

Por esta razón, ante escenarios críticos, la suspensión temporal del suministro o la modificación de las fuentes de abastecimiento se convierten en medidas preventivas para proteger la salud de la población.

Rivera entregó tranquilidad respecto al funcionamiento de las empresas sanitarias, señalando que existe confianza en los protocolos implementados, y llamó a los usuarios a adoptar un consumo responsable cuando se activen estas medidas.

"Confío plenamente en el trabajo que realizan (...) y en el proceso de autorregulación que tienen", expresó.

MEGATANQUES Y ALMACENAMIENTO

Chile posee cuencas cortas y con alta pendiente, características geográficas que provocan que los ríos aumenten rápidamente su caudal y transporten grandes cantidades de material durante episodios de precipitaciones intensas.

Ante esta realidad, Rivera destacó que la capacidad de almacenamiento de agua se vuelve una de las principales herramientas de adaptación frente al cambio climático.

Al recordar episodios como los cortes de suministro registrados en la región Metropolitana en años anteriores —que impulsaron la construcción de los megatanques en Pirque—, el investigador señaló que la tecnología para enfrentar estos desafíos existe, pero requiere inversión, planificación y decisiones de largo plazo.

"Nuestras cuencas son cortas y de alta pendiente, y bajo estos eventos extremos, rápidamente crecen y arrastran mucho sedimento. Frente a esas condiciones, el almacenaje es la principal forma de adaptación que deberíamos considerar", sostuvo.

RESIDEÑAR LAS CIUDADES

Ante la proyección de que los eventos meteorológicos extremos serán cada vez más frecuentes, Rivera planteó la necesidad de avanzar hacia una nueva planificación urbana e hidráulica que combine distintos tipos de soluciones.

Entre ellas, mencionó la infraestructura verde, asociada a espacios que permiten la infiltración natural del agua hacia el subsuelo, y la infraestructura gris, compuesta por obras como embalses, tanques y sistemas tradicionales de regulación.

El académico enfatizó que no es posible evitar los fenómenos naturales, pero sí preparar las ciudades para responder mejor ante ellos.

"No podemos evitar que los eventos meteorológicos ocurran porque eso es parte de la naturaleza. Pero sí lo que podemos hacer es permitir que la infraestructura habilite que la ciudad siga funcionando (...) es necesario buscar para cada territorio cuál es la mejor combinación de acciones de infraestructura verde y gris", concluyó el especialista.

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