Andrés Zavala, administrador de la Fiscalía local de Quillota, integró el equipo de USAR que rescató con vida a un conserje atrapado bajo los escombros tras los fuertes sismos.
Las impactantes imágenes de los dos terremotos que afectaron a Venezuela el pasado 24 de junio conmovieron al mundo. Sin embargo, para quienes estuvieron desplegados en la zona de la catástrofe, la realidad superó cualquier registro audiovisual. Esa fue la experiencia de Andrés Zavala, Administrador de la Fiscalía Local de Quillota y miembro fundador de USAR Viña del Mar desde 2008, quien integró el contingente chileno que participó en las labores de búsqueda y rescate.
Con esta misión internacional, Zavala suma una nueva experiencia a su trayectoria como rescatista, tras haber participado anteriormente en el terremoto de Haití y en los grandes incendios forestales del sur de Chile.
Tras diez días de operaciones, el funcionario regresó a sus labores en la Fiscalía de Quillota y compartió detalles de una intervención marcada por la complejidad, el riesgo y el compromiso humano. Según explicó, desde el primer momento contó con el respaldo institucional para integrarse al operativo internacional.
"Le escribí al Director Ejecutivo y al Fiscal Jefe. Afortunadamente ellos siempre han sabido de mi labor en USAR (...). Conté con sus autorizaciones y ahí me puse disponible", relata el funcionario, quien debió asumir el rol de operador técnico de búsqueda debido a las necesidades de la emergencia.
Al arribar a la zona afectada, el equipo chileno se encontró con un panorama aún más crítico de lo que anticipaban los primeros reportes. El colapso masivo de estructuras y la alta cantidad de víctimas marcaron profundamente a los rescatistas.
"La verdad es que fue muy complejo, y sobre todo porque uno se da cuenta ahí mismo que la cantidad de muertos va a ser exponencial respecto de lo que se está diciendo (...). Y muchos niños, muchos. Eso fue una de las cosas que más por lo menos a mí, más me marcó", confiesa Zavala.
Las labores de búsqueda y rescate se desarrollaron bajo condiciones extremadamente peligrosas, debido a la inestabilidad de las edificaciones colapsadas y la permanente amenaza de nuevos desprendimientos. Cada intervención exigió un riguroso análisis técnico para resguardar la seguridad del personal.
"Fueron de alto riesgo todas las maniobras que realizamos porque nosotros realizamos muchas evaluaciones de sitio (...), con estructuras muy inestables y con muchos problemas de acceso", explica el rescatista.
En medio de la tragedia, el equipo chileno logró concretar uno de los momentos más significativos del operativo: el rescate con vida de un conserje que permanecía atrapado entre los escombros de un edificio colapsado. La operación demandó varias horas de trabajo especializado, precisión técnica y un importante esfuerzo físico.
Para Zavala, se trata de uno de los hitos más importantes de su trayectoria como voluntario en rescate urbano.
"Sacar a alguien con vida después de la cantidad de horas que se tuvo que trabajar para sacarlo y en la forma en que estaba atrapado (...), fue muy complejo, muy difícil".
El funcionario también recordó el impacto que le provocó observar el estado emocional de los sobrevivientes y de quienes aguardaban noticias de sus familiares.
"Por otro lado la gente de Venezuela que estaba muy decaída, muy golpeada. Eso fue impresionante".
Tras finalizar la misión, el contingente chileno retornó al país cumpliendo estrictamente los protocolos internacionales que regulan este tipo de despliegues humanitarios, los cuales establecen tiempos máximos de permanencia para resguardar la salud física y mental de los equipos de rescate.
"Nosotros no fuimos a hacer turismo rescate. Y nuestro protocolo establece que son 10 días, son siete de operaciones, dos de traslado y uno de back up", concluye Zavala, reflejando el profesionalismo y la preparación que caracterizan este tipo de misiones internacionales, en las que funcionarios como él representan a Chile y ponen sus capacidades al servicio de la protección y salvamento de vidas.
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