El geógrafo Marco Cisternas advirtió que las fallas continentales liberan energía directamente bajo las ciudades. Pese a la buena norma de construcción chilena, el experto alerta sobre el peligro de estas estructuras poco estudiadas que concentran su fuerza destructiva en las zonas urbanas.
La reciente catástrofe en Venezuela, que dejó un saldo preliminar de miles de víctimas fatales tras el colapso masivo de edificaciones en La Guaira, reabrió el debate sobre las diferencias en el comportamiento sísmico de la región y los riesgos que enfrentan otros países como Chile.
Ante este escenario, Marco Cisternas Vega, académico del Instituto de Historia y Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) y director del laboratorio GeoTsunami, dialogó con Puranoticia.cl y explicó que, si bien el país cuenta con una de las normas de construcción más estrictas del mundo, no está completamente libre del riesgo de terremotos superficiales, los que podrían provocar graves daños en zonas urbanas.
Aunque la mayoría de los grandes terremotos registrados en Chile se originan bajo el mar debido al proceso de subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana, el especialista advirtió que también existen fallas geológicas continentales capaces de generar sismos de gran intensidad.
Como ejemplo, el especialista menciona las fallas continentales de San Ramón y Marga Marga, esta última ubicada en Viña del Mar, donde reconoce que aún persisten importantes interrogantes sobre su comportamiento. "No sabemos mucho de la falla Marga Marga. Nosotros, los especialistas, usualmente nos dedicamos más a las fallas que recurren más seguidamente (...) pero la Falla San Ramón, es una grieta que está aquí adentro. Está adentro del continente y por lo tanto son superficiales. Ese es el problema", explica Cisternas.

En ese contexto, advierte que, si bien existe debate dentro de la comunidad científica respecto a la actividad de esta estructura geológica, una eventual ruptura podría provocar un fuerte impacto en las ciudades emplazadas directamente sobre ella, debido a la escasa profundidad en la que se originan este tipo de sismos.
A diferencia de los terremotos de subducción, cuya energía recorre decenas de kilómetros antes de alcanzar las ciudades, los sismos generados por fallas continentales liberan su energía muy cerca de la superficie, aumentando considerablemente su potencial destructivo.
Según explicó Cisternas, estas fallas "son más chiquititas, pero son más superficiales", por lo que al romperse "no hay una disipación de la energía de las ondas sísmicas muy importante", lo que se traduce en un impacto mucho más intenso sobre las zonas pobladas cercanas.
El académico sostuvo que uno de los principales desafíos para la ciencia es que estos terremotos ocurren con una frecuencia muy baja, lo que dificulta tanto su estudio como la generación de registros históricos que permitan comprender mejor su comportamiento.
"De esos otros tipos de terremotos en Chile conocemos muy poco, en lo científico. Se conocen muy poco porque no recurren, no ocurren muy seguido. Recurren cada 1.000, 2.000 años. Entonces no hay una historia escrita".
Precisó además que, cuando una de estas fallas finalmente se activa, los daños suelen concentrarse en las ciudades ubicadas directamente sobre la estructura geológica, sin extenderse de manera significativa a otras regiones.
"Cuando se mueva probablemente va a ser muy destructiva, pero para las ciudades que estén inmediatamente arriba", precisa Cisternas, ejemplificando que un eventual quiebre en la región Metropolitana "va a afectar principalmente a Santiago. No va a pasar mucho en Talca, no va a pasar mucho en La Serena".
Pese a los riesgos asociados a las fallas geológicas superficiales, el director de GeoTsunami enfatizó que la mayor fortaleza del país radica en sus estrictas normas de construcción antisísmica, las que, a su juicio, marcan una diferencia sustancial con lo ocurrido en Venezuela.
El experto atribuyó gran parte de las consecuencias del desastre a edificaciones levantadas sin los estándares adecuados de diseño y fiscalización, más que al terremoto en sí.
"Los terremotos no matan gente. Los terremotos son un proceso natural, como el clima, el viento, no mata gente. El problema es que, si estás metido dentro de una caja de concreto que está mal hecha, ahí te mata".
En esa línea, recordó que Chile transformó décadas de tragedias en aprendizaje, especialmente tras el terremoto de Chillán de 1939, impulsando una normativa que actualmente es referente a nivel mundial.
"Chile algo que aprendió con los terremotos ha sido el tema de construir adecuadamente", concluye Cisternas, destacando que el robusto código de construcción nacional cuenta con un amplio "reconocimiento internacional" y constituye la principal garantía para reducir el riesgo de colapsos masivos frente a futuros e inevitables terremotos.
PURANOTICIA